Esa 'narcopantalla'

13 de Enero de 2016

El domingo por la noche, Narcos, la serie de Netflix que retrata la vida del narcotraficante colombiano Pablo Escobar, competía por un Globo de Oro en la categoría de Mejor Serie de Drama, pues su éxito ha sido brutal. Antes que ésta, El Señor de los Cielos se convirtió en un suceso televisivo que ha llevado a la cadena Telemundo a producir cinco temporadas. Pero yéndonos un poco más atrás, en 2011, también Telemundo produjo la adaptación televisiva de la novela de Arturo Pérez-Reverte La Reina del Sur. Fue protagonizada justamente por la hoy muy solicitada Kate del Castillo. (Un éxito tan rotundo de la serie que por momentos yo he llegado a pensar que la actriz se enamoró de su personaje, Teresa Mendoza, y que de ahí derivaría, en realidad, su ahora conocido vínculo con Joaquín El Chapo Guzmán, pero éstas son apenas algunas de las decenas de exitosas series y/o películas que hemos visto en la última década relacionadas con el tema del narco: recientemente la de Escobar, o la de El Cártel de los Sapos, o la tan mencionada Sin tetas no hay paraísoMiss BalaTrafficThe Sopranos como la madre de todas ellas. Pero en realidad todo empezó con El Padrino y despegó conScarface.

Lo que todas estas producciones tienen en común es su determinación para mostrar personajes mucho más humanos que aquéllos que están anotados en la historia, en los diarios y en el ánimo colectivo como criminales, algunos de ellos personajes de ficción, otros basados en figuras de carne y hueso. Hay una completa “inversión” de los valores de la modernidad que la pantalla ha llevado al cabo en las últimas décadas.

Evidentemente, los narcos no han sido vulnerables a la tentación de construir su propia narrativa mediática. Pablo Escobar se valía de sus nexos con Virginia Vallejo, periodista que lo entrevistaba una y otra vez para mostrarlo en la TV de Colombia como el Robin Hood del país. Y fue esa necesidad suya por legitimar aquella imagen como salvador del pueblo, lo que lo hizo perder la cabeza cuando no pudo hacerlo formando parte de la política colombiana. Eso lo arrastró finalmente a su propia muerte.

La vanidad es el pecado favorito del Diablo. El ego ha destruido más imperios que los ejércitos del enemigo. Es el síndrome de Hybris: esa propensión de los megalómanos a confiar demasiado en sus propias fortalezas o virtudes, al grado de desmesuras tales que los llevan a la autodestrucción.

¿Será que El Chapo Guzmán no pudo aceptar que los grandes capos estuvieran retratados en todo tipo de apologías cinematográficas o televisivas y él precisamente él, no lo estuviera? ¿Será por eso que, en su larga carrera criminal aceptó por vez primera dedicarse al negocio de las drogas, y no sólo eso, si no que afirmó ser el más importante distribuidor de entre todos los capos de la actualidad?

Por lo pronto y por ahora, a El Chapo, el innegablemente más famoso de todos los narcos mexicano, no le salió su número para perpetuarse, o al menos no como habría querido. Aunque dicen que Oliver Stone está interesado en filmar su historia, pero por ahora, la realidad sólo nos ha arrojado (como escribía ayer aquí mismo) elementos para un guión completamente surrealista.

La revista Rolling Stone difundió ayer el video íntegro donde se observa a El Chaporespondiendo una serie de preguntas, las mismas que posteriormente Sean Pennanotaría en su texto la famosa y polémica entrevista que hoy lo tiene en el ojo del huracán. En ella, El Chapo no puede evitar las sonrisitas cómplices y ufanas cuando relata algo sobre su segunda fuga, en la que sólo le pedía a Dios que todo saliera bien. Y le salió bien. Hasta que... se convirtió en la víctima de su propia necesidad de ser algo más que un capo profundamente poderoso y millonario. El poder y el dinero no bastaron: quiso también la fama. Pero no la fama que ya tenía. No le bastaba con ser una leyenda en Badiraguato: quería que Hollywood también se enamorara de él. Quería que los que miran Netflix también lo admiraran como él, claramente, admiraba a la Reina del Sur... Y mientras tanto, lanarcopantalla se hace millonaria contando historias con ese nuevo modelo de supermán y superwoman al que los niños y niñas del mundo aspiran igualar. Y terminan sólo aspirando cocaína.

Excelsior