Ciberarmagedón...

9 Julio 2015

La Bolsa de Nueva York inició un día más de operaciones con ligeras pérdidas, cercanas a 1%; era el efecto dominó de las bolsas asiáticas, a las que no les ha ido nada bien en las últimas fechas. No han sido buenas semanas para las economías del mundo. Grecia, como el más relevante ejemplo; a pesar de sus esfuerzos para no comprometerse a realizar los multimillonarios pagos que debe hacer al FMI, ha ido cediendo. No le queda de otra. Angela Merkeltambién se ha sentado a debatir, ¿qué hacer con aquel país que hasta plebiscito realizó para refugiarse en la voluntad ciudadana? ¿Qué hacer para mantener la unión en la UE? Y mientras tanto, del otro lado del mundo, vemos también a las empresas chinas desplomarse en las bolsas de valores. ¿Cómo, también China, por qué? ¿No acabamos de entender una crisis cuando ya nos anuncian otra?  Y así, mientras todo eso pasaba, la Bolsa de NY detenía sus operaciones por “una falla informática”...

Eso en las bolsas de valores, porque en el aire, o más bien en la tierra, United Airlines dejaba en la pista de aterrizaje más de tres mil 500 vuelos. Una falla en sus sistemas informáticos valió la suspensión de todas sus actividades aéreas. Para imaginar la dimensión, pensemos en un aeropuerto tan grande para dar cabida a tres mil 500 aviones. Ni en la más arrojada de las ficciones hay chance de imaginar un espacio tan grande para colocar ahí tantas naves detenidas esperando el momento de echarse a volar. Al mismo tiempo, la página web del Wall Street Journal también quedaba inactiva.

La paranoia de vivir en los tiempos tan tecnológicos, aunque también un tanto hipócritas. La paranoia de sentirnos observados, tanto de forma particular como en lo general. Hace días sabíamos que en México se han realizado trabajos de espionaje desde hace años: “El Ejército, la Marina, la Policía Federal, el Cisen y 11 gobiernos estatales han espiado masivamente a mexicanos a través de un sistema que interviene a control remoto dispositivos móviles, copia mensajes de texto, conversaciones de Google, Yahoo!, MSN y Skype, y extrae todos los datos y el historial de las computadoras, sus audios e imágenes de la webcam, que les permite, además, grabarlos mientras trabajan...”, escribía ayer Raymundo Riva Palacio en El Financiero. Y aún nos seguimos espantando cuando a la luz salen audios de llamadas telefónicas como la del secretario de Comunicaciones (vaya ironía) y los ejecutivos de OHL. Debe haber miles, de personajes de todos los colores y todos los intereses en México y el mundo, esperando el momento indicado para salir a la luz.

Tras conocerse los fallos informáticos de ayer —el de United Airlines, la Bolsa de NY y el de Wall Street Journal—, comenzaron los rumores, más bien miedos, con respecto a que todo se tratara de un ciberataque, un hackeo, pues. Una Tercera Guerra Mundial a arrancar no con la invasión a Polonia, sino con la invasión a los sistemas estadunideses. ¡Fueron los chinos!, se leía en muchos frentes de las redes sociales... La paranoia heredada tras los escándalos de Julian Assange y Edward Snowden. Aunque la paranoia estadunidense viene de tantos años atrás. Por algo aquellas disculpas dadas por Barack Obama a todos los países que se ha sabido han espiado su gobierno y los que le preceden. A todos se les encendieron las alertas de seguridad cibernética. Por eso la referencia a lo escrito por Riva Palacio.

En los últimos años, los países del mundo hemos comenzado a trabajar en políticas de seguridad cibernética. En el espionaje, bueno, sabemos que ésta ha sido una práctica tan ancestral que aún causa “sorpresa”, aunque es por sabernos más los espiados que los espías. Sin embargo, nadie termina en ponerse de acuerdo. En China se han aprobado leyes que rebasan las libertades más elementales en el uso del internet, porque el radicalismo hay en todos los temas, y sabemos que en esa región las leyes van más por voluntad del líder que de la razón. Es uno de los temas pendientes en todas los gobiernos del mundo. Comenzar a generar políticas en torno al área cibernética que controle los peligros y, de paso, la paranoia. Porque, de otra forma, el Ciberarmagedón terminará por ser una profecía que acabará, tarde o temprano, por autocumplirse. Porque no sólo los gobiernos ejercen ése, el segundo oficio más antiguo de la humanidad (el espionaje), también las grandes empresas y peor: el crimen organizado que ha encontrado en la tecnología uno de sus más potentes aliados...

Excelsior