Vender la paz
2 Junio 2015
“Vender la paz es mucho más difícil que vender la guerra. Vender la paz requiere sacrificios... requiere conciliar odios, heridas, resentimientos”. Esto declaró el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al diario El Paíshace algunas semanas.
La declaración se explica por el cansancio y el hartazgo de los colombianos con la guerra en contra de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC. Éstas llevan décadas aterrorizando a la población y, tras dos años de negociaciones con el gobierno de Santos en La Habana para intentar firmar un acuerdo de paz, el cese al fuego o tregua se rompieron por la muerte, hace dos semanas, de casi 40 miembros de las FARC en un enfrentamiento con el ejército colombiano que dejó también 11 soldados muertos.
La labor para Santos de intentar vender a los colombianos la importancia de firmar la paz de La Habana con las FARC no ha sido sencilla. En primer lugar, ha tenido que batallar para vender su plan de paz frente a un expresidente Álvaro Uribe que pide terminar militarmente con las FARC y califica de amnistía el plan de quien fuera su exitoso secretario de la Defensa.
Uribe ha sido muy vociferante desde su escaño en el Senado, pero sobre todo desde su cuenta de Twitter (mostrando una vez más el poder real de las redes sociales) en lo negativo que resultaría que se concretara ese acuerdo de paz con un grupo guerrillero que ha cobrado la vida de miles de colombianos desde hace cinco décadas.
No sorprende que ese gran vendedor que ha sido y parece seguir siendoUribe genere en los colombianos desesperanza y pesimismo sobre las negociaciones de La Habana. De acuerdo con información obtenida por El País, las más recientes encuestas arrojan que 69% de los colombianos duda que los acuerdos logren la paz para su país.
Desde un México ensimismado, que voltea muy poco a ver lo que sucede allende nuestras fronteras, el proceso de paz entre el Estado colombiano y las FARC debiera recibir mucha más atención.
México sería el primer afectado, en un sentido u otro, si se logra o se cancela de forma definitiva la paz de La Habana.
La producción y transportación de drogas como mariguana y cocaína desde Colombia y hacia Estados Unidos siguen estando dictadas en Colombia. Aun cuando ese vecino sudamericano ha logrado recomponer su imagen mundial mediante una mucho más estricta aplicación de la ley y el fortalecimiento del Estado de derecho, del resultado de lo acordado en La Habana veremos un reacomodo en rutas, tamaño y poder del narcotráfico.
¿Qué le conviene a México? ¿La solución negociada que empuja Santos o la militar que promueve Uribe? La respuesta la debiera tener clara el gobierno mexicano.
Twitter: @AnaPOrdorica



