Un mundo muy raro
30 de Junio de 2016
Definitivamente vivimos en un mundo raro. La votación en favor de la salida del Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte (RU) de la Unión Europea (UE) es una pésima noticia económica por muchas razones. Así lo entendieron los mercados financieros durante dos días: viernes y lunes posteriores al jueves que se votó. Pero el martes la tendencia cambió. Las monedas que se habían depreciado recuperaron su valor. Los mercados accionarios que se habían desplomado recuperaron el terreno perdido e incluso avanzaron más que antes del Brexit. ¿Qué explica esta locura?
Una razón: el anuncio de los principales bancos centrales de los países desarrollados, en particular de la Reserva Federal estadunidense, de estar listos para intervenir en los mercados en caso que peligre el escaso crecimiento económico. Las autoridades monetarias mandaron la señal de estar dispuestas a seguir inundando el mundo de dinero gratis, lo cual ha hecho muy felices a los mercados.
Es la misma historia que hemos visto desde la Gran Recesión que comenzó en Estados Unidos con la quiebra de
Lehman Brothers. La economía de la súper potencia se desplomó; tan sólo el último trimestre de 2008, el Producto Interno Bruto estadunidense bajó un 8.2%. En ese momento se hablaba de la posibilidad muy real de caer en otra depresión económica como la acontecida en los años treinta del siglo pasado. Al rescate entró la Reserva Federal que hizo dos cosas: bajó las tasas de interés a cero y emitió una cantidad de dólares nunca vista en la historia de la humanidad. El saldo de los activos del banco central subió de 870 mil millones de dólares en septiembre de 2008 a 4.4 billones de dólares a finales de 2014.
Esta política monetaria hiperrelajada funcionó. La economía estadunidense se recuperó rápida y sostenidamente de tal suerte que, en 2014, la Reserva Federal anunció que comenzaría a normalizar la política monetaria. Dejó de comprar bonos y, por tanto, detuvo la emisión de moneda. Esto puso muy nerviosos a los mercados, sobre todo los de países emergentes. El dólar se fortaleció frente a las demás monedas y las exportaciones estadunidenses cayeron afectando el crecimiento de ese país.
La Fed, sin embargo, continuó con su idea de normalizar la política monetaria. El paso siguiente fue subir progresiva y lentamente las tasas de interés. Después de dudarlo mucho, por fin se animaron en diciembre del año pasado incrementando de cero a 0.25%. Este movimiento, de nuevo, cimbró a los mercados de divisas, accionarios, de bonos y de materias primas. Fue de tal tamaño el maremágnum, que la Reserva Federal le puso freno de mano a su intención de subir las tasas. Los mercados lo festejaron con un aumento generalizado de precios. Cómo no: si el banco central regala dinero, pues hay que invertirlo en algo. Hoy muchos precios de activos están sobrevaluados por culpa de esta política monetaria que supuestamente quiere generar inflación en la economía, al parecer sin mucho éxito, pero que ciertamente está inflando precios de activos generando burbujas especulativas.
El Brexit volvió a poner nerviosos a los mercados. Apareció, de nuevo, el fantasma de la recesión. Ni tardas ni perezosas, las autoridades monetarias anunciaron su intención de inyectar más dinero gratis para evitarla. Si antes se pensaba que la Fed podía subir una vez más las tasas este año, después del voto en el RU el consenso es que lo dilatarán hasta 2018 y, en una de esas, hasta las vuelven a bajar y, en una de esas, hasta vuelven a emitir más dólares. Eso en Estados Unidos porque en Europa, Japón, Dinamarca, Suiza y Suecia, que en su conjunto representan el 23% de la economía mundial, ya existen tasas de interés negativas. Para entender lo loco de esto, el otro día leí una historia fantástica en The Wall Street Journal de cómo una pareja danesa recibe cada mes dinero del banco por su hipoteca.
Todo indica, entonces, que el Brexit fue una bendición para mantener la adicción de los mercados financieros por el dinero gratis (y hasta pagado). Los bancos centrales van a seguir proveyendo. Eso tiene felices a los inversionistas. Raro mundo éste donde las malas noticias económicas acaban siendo buenas después de dos días. Y, por cierto, igual y esto se pone aún más raro porque ya se habla de la posibilidad de que los bancos centrales emitan más dinero y lo distribuyan directamente a la población sin pasar por el sistema financiero. Cosas veredes…
Twitter: @leozuckermann
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