Un escritor egipcio demandará a Israel por las 10 plagas bíblicas

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JERUSALÉN.— Para el escritor egipcio Ahmad al-Gamal, el tiempo transcurrido es irrelevante: se dispone a demandar al gobierno de Israel, como representante del pueblo hebreo, por las 10 plagas que Dios, a través de Moisés, impuso sobre el antiguo Egipto milenios atrás, para obligar al faraón que gobernaba el país en aquel entonces, a liberar a los judíos de la esclavitud.

Justamente ahora, pocos días antes del Pesaj, Pascua judía que este año comienza el 14 de abril —cuando el pueblo judío celebra la liberación del yugo faraónico—, el mencionado intelectual egipcio aclara que el relato bíblico al respecto puede traer consecuencias actuales.

En una columna que escribió en el diario Al Yaum a-Sabi, Ahmad al-Gamal anunció que exigirá a Israel indemnizaciones por el “daño sufrido” por los egipcios a raíz de las diez plagas que según el relato bíblico cayeron sobre la tierra y su gente en aquel entonces.

“Debemos ser indemnizados por las 10 plagas que fueron ocasionadas contra nosotros como resultado de las maldiciones que los antepasados hebreos lanzaron sobre los nuestros. Ellos no merecían pagar por el error del gobernante de Egipto de ese tiempo, el faraón”, afirmó.

“Lo que está escrito en la Torá demuestra que fue el faraón quien oprimió a los hijos de Israel, no el pueblo egipcio. Pero echaron sobre nosotros plagas de langostas por la cual fue imposible desarrollar la agricultura. Otra plaga impidió que el agua del Nilo pudiera ser bebida durante mucho tiempo. La plaga de la oscuridad constante fue un verdadero desastre. La plaga de la muerte de los primogénitos debe ser considerada un crimen de lesa humanidad”, alegó Al Gamal.

Las afectaciones

El relato sobre las diez plagas aparece en el libro de Éxodo, el segundo del Pentateuco, en el que se describe que Moisés y su hermano Aarón advierten al faraón que sería castigado con diez calamidades si no permitía que los judíos dejen de ser esclavos y abandonen Egipto, donde habían sido sometidos durante 400 años.

Las 10 plagas, según la Biblia, fueron: sangre (toda el agua de Egipto, incluyendo el Nilo, se convirtió en sangre), ranas, mosquitos, tábanos, pestilencia, zarpullido, granizo, langostas, oscuridad y primogénitos. Todas afectaban a Egipto, el espacio público y los animales, menos a los hebreos que allí se hallaban.

En diversas oportunidades, al ver los efectos de la plaga de turno, el faraón permitía la salida de los hebreos, pero luego inmediatamente revocaba su decisión.

De por medio había una lucha “de poderes”, con el faraón intentando demostrar que sus brujos eran tan poderosos como “el dios de Moisés”. Se considera que la penúltima plaga, la oscuridad, que duró tres días en Egipto, era una especie de afrenta directa a la autoridad simbolizada por el faraón, ya que dejaba en claro que “el Dios de Israel” era más fuerte que Ra, el Dios del sol, considerado el principal en el antiguo Egipto.

La plaga decisiva fue la muerte de los primogénitos. Según el relato bíblico, Dios ordenó a los hebreos marcar sus puertas con sangre de cordero a fin de que quede claro a qué casas no entrar para matar a los varones mayores de cada una. Con ello, el faraón dio finalmente su autorización, pero también terminó arrepintiéndose. Esta vez, según la Biblia, las tropas del faraón persiguieron a los hebreos cuando ya habían alcanzado a adentrarse en el Mar Rojo —que Moisés abrió con su bastón para que pudieran pasar—, ahogándose luego los egipcios con sus carros al volver a cerrarse las aguas sobre ellos. Esta historia es uno de los relatos más dramáticos de la Biblia, que ha sido inspiración literaria y cinematográfica.

En la noche de Pesaj —“Jag Hajerut”, o sea “Fiesta de la Libertad”— el pueblo judío se reúne a celebrar la liberación de Egipto, junto a la mesa en la que se cena se lee la “Hagadá”, el relato histórico, y todos los símbolos están relacionados a aquellos hechos. Se recuerda cada una de las plagas mencionándolas, se come una mezcla de manzanas y nueces cuyo color recuerda supuestamente el de los ladrillos con que los hebreos debían construir las pirámides para el faraón, se come el pan ázimo, sin levadura, que recuerda que al salir rápidamente de Egipto, los hebreos no tuvieron tiempo de hornear pan, y mucho más.