Una casa maldita

21 Abril 2017



Sección: Historias de Ultratumba y Paranormal de Tampico


Una casa maldita


Por Vanessa Gutiérrez/Ordenador


Virginia y Adriana vivieron durante varios años en la casa que fue de sus padres desde los años 30 en Tampico, pero jamás supieron de dónde provenía la maldición que se cernía sobre ella hasta que descubrieron antiguas figuras que guardaban el mal.


Muchas casas antiguas de Tampico tienen múltiples secretos que las hace enigmáticas, incluso despiertan sospechas de la gente común sobre el por qué no se habitan con frecuencia o por qué sus moradores se van de ellas despavoridos. 


Sobre las calles Altamira y Carranza en su lado oriente, hay muchas casas abandonadas que poco a poco se degradan, son invadidas por la maleza y sus trabajos de herrería y detalles en las fachadas se difuminan con el paso del tiempo.


Casas que esconden seres que no son de este mundo. Se les abandona y se hacen dueñas de ellas figuras fantasmales que de vez en cuando son llamadas mediante ritos diabólicos, aunque es mejor que no se les moleste.


La mansión de las hermanas Virginia y Adriana fue en sitio apacible para la familia Zárate, nunca hubo un problema hasta que faltó el padre, don Wenceslao. La madre de ellas, doña Virginia, había fallecido hacía algunos años. Acomodadas ellas solas en la casona tarde descubrieron que sobre el inmueble se cernía una maldición.


Pese a que se tomaron un tiempo para investigar y con la ayuda de algunos brujos locales nunca encontraron la fuente de variados fenómenos paranormales: ruidos en las paredes, pisadas en los pasillos cuando nadie estaba, golpes en las puertas y ventanas al grado que crujían, ¡pero sin registrar rotura alguna!


Optaron por rentar la casa. Se fueron a vivir a una que tenían más al poniente del puerto. Se daban cuenta que los inquilinos se iban igual como llegaban. Durante años cavilaron sobre el misterio maldito. Creyeron estar ellas mismas embrujadas. Por ahí no iba el dilema.


A finales de los años 90, cuando la mansión estaba en la ruta de tomar las ruinas, y ellas muy cansadas de vivir, un día subieron a uno de los cuartos que se mantenían sellados por recomendación de su padre. Hallaron en unas viejas cajas de madera figuras y máscaras que habían sido traídas de África. En algunas cartas que su padre guardaba en gavetas antiguas leyeron advertencias de un familiar sobre lo que escondían las enigmáticas figuras. Habían sido compradas en el mercado negro en los años 40. Eran máscaras que se usaron en ceremonias de Vudú. Artículos que estaban impregnados del maleficio y la maldad. El padre compró las piezas en un viaje al continente negro pese a las advertencias que sobrevendrían en un futuro. Esas piezas antiguas traídas de África eran el centro del maleficio que durante años asoló a esta familia tampiqueña, misma que lamentó haber profanado herramientas que los santeros en su tiempo utilizaron  para comunicarse con los muertos.