Tragedia griega

El mejor voto para los griegos, en el trágico escenario en el que se encuentran, habría sido votar “No” a más austeridad y “Sí” a Europa. Pero eso no era posible en el referéndum del domingo 5 de julio.

En este ejercicio armado de último momento por el líder izquierdista-populista de Grecia, Alexis Tsipras, los griegos tenían la opción de votar por el “Sí” a un paquete económico de rescate que vendría acompañado de medidas de austeridad puestas por Europa o por el “No” a la austeridad con la salida prácticamente segura del euro. El famoso Grexit.

El 61.31 por ciento votó “No”; 38.69 por ciento dijo “Sí”. Y con ello los europeos, principalmente los franceses y alemanes, sintieron que la tierra temblaba bajo sus pies. Los griegos les deben billones de euros —el equivalente a 180 por ciento de su PIB—  y simplemente no tienen con qué pagar.

Hay quien ve en las exigencias de Europa, principalmente de Alemania, una desmemoria. En 1953 a Alemania se le condonó la mitad de la deuda que tenía tras la Segunda Guerra Mundial. Sin esta condonación, el milagro alemán difícilmente habría ocurrido.

Y, sin embargo, del otro lado de la moneda, están los europeos, que sienten que ya fue suficiente de estarle metiendo dinero bueno al malo. Dinero de los europeos a un país que no logra ni siquiera poner en orden su sistema de recaudación de impuestos.

La realidad es que la elección para los griegos en el referéndum fue entre una mala propuesta o una peor. Lo que venga para el país helénico será un caos. Esa es la tragedia griega. Pero con el voto del “No” parece que entre dos males, los griegos eligieron el peor.

Medidas de austeridad dolorosas son inevitables. La diferencia será si las pueden negociar con una Europa que sabe que no le conviene que Grecia se caiga al precipicio o si la salida la tendrán que buscar solos, instaurando de regreso el drachma como moneda nacional, con todos los retos de ser una economía que jugó a estar con los grandes, pero que en realidad tiene el tamaño del estado norteamericano de Oregon.

¿Y a nosotros, qué? Se preguntarán ciudadanos del resto del mundo. Más allá de lo evidente —fortalecimiento del dólar y devaluación del resto de las monedas—, lo que vemos en esta crisis griega es un juego de poder cuyo desenlace enviará mensajes a países desarrollados y en vías del desarrollo.

¿Podrá Tsipras salirse con la suya y doblegar a Europa para que le preste dinero a su gobierno sin que se implementen medidas de austeridad? Para hacerlo, Tsipras seguramente recurrirá a amenazas como aliarse con Rusia en materia de sanciones internacionales o permitir el paso de migrantes por Grecia para que éstos entren tranquilamente a Europa.

El mensaje para otros partidos populistas en Europa y, sobre todo, para sus simpatizantes, sería implacable: gasta hasta lo que no tienes; al final del día, los europeos ricos y trabajadores saldrán a salvar el problema económico para evitar un desastre político.

La próxima fecha clave será el 20 de julio, cuando Grecia debe pagar más de tres mil millones de euros que no tiene. ¿Quién ganará el duelo de fuerzas? Hay que estar pendientes.

APOSTILLA: Observación hecha por Luis de la Calle en entrevista para #Paralelo23 en @Foro_TV: gran nombre el del nuevo ministro de Finanzas en Grecia tras la renuncia de Yanis Varoufakis. Lo sustituye a partir de ayerEuclides Tsakalotos. Mismo nombre que el matemático más famoso de la antigüedad, padre de la geometría. Veremos si, como su antepasado,Euclides Tsakalotos le encuentra la cuadratura al círculo de la economía griega.

                Twitter: @AnaPOrdorica

Excelsior