Tabasco: una vieja historia de ineptitud y corrupción
Ojalá que el gobierno, Arturo Núñez tenga las pruebas para procesar y eventualmente condenar al ex gobernador Andrés Granier. Porque, de lo contrario, cometerá uno de los más grandes ridículos en la historia de la persecución de políticos corruptos en México: otro posible caso de impunidad que tanto lastima a este país.
La de Tabasco es una vieja historia de ineptitud y corrupción en uno de los estados con más recursos naturales de la República. Hace casi seis años, en octubre-noviembre de 2007, cayeron unas lluvias torrenciales que inundaron su territorio incluyendo la capital, Villahermosa. El calentamiento global contribuyó a este cataclismo. Pero también nos enteramos cómo la ineptitud y corrupción gubernamental habían contribuido a esta catástrofe, una de las peores de la historia del país, con pérdidas materiales que se calcularon en 50 mil millones de pesos tan sólo en Tabasco.
Como suele suceder en estos casos, después del cataclismo, aparecieron todo tipo de acusaciones graves. Para Andrés Granier, la tragedia pudo haberse evitado con una adecuada infraestructura hidráulica. De hecho, el entonces gobernador le reclamó al entonces presidente, Felipe Calderón, que el gobierno federal no hubiera construido estas obras y le solicitó que autorizara los recursos para que “dentro de seis años no nos vuelva a pasar lo que nos pasó hoy”.
La pregunta que varios nos hicimos en ese momento es por qué no se habían realizado las obras sabiendo del enorme riesgo hidráulico que corría Tabasco debido a su situación geográfica. La respuesta no podía ser por falta de dinero, ya que Tabasco llevaba muchos lustros inundado en dinero público por las participaciones federales producto de la extracción del petróleo. Ese estado es de los que más recibe dinero de la federación en términos per cápita. Además recibe donaciones directas de Pemex. En este sentido, a diferencia de otros estados, el dinero público no es un problema.
Hace seis años, una nota en La Jornada informaba que Pemex habría transferido unos dos mil millones de pesos a los gobiernos de Roberto Madrazo y Manuel Andrade. Parte de estos recursos se tendrían que haber utilizado “para realizar obras de infraestructura y de protección contra inundaciones, así como construcción de viviendas para población que habita en zonas de alto riesgo y susceptible de ser afectada por las lluvias”. Sin embargo, la nota daba cuenta de un oficio de Pemex dirigido a una comisión de la Cámara de Diputados donde se informaba “que no hay evidencia de que los recursos se hayan aplicado en la entidad”. La Jornada también indicaba que la empresa petrolera mexicana le había entregado al nuevo gobierno de Granier 274 millones de pesos de donativos “de los cuales 150 millones de pesos fueron en efectivo y el resto en especie, también con el propósito de que se destinaran a infraestructura”.
¿Dónde quedó todo este dinero? Para otro tabasqueño distinguido, Andrés Manuel López Obrador, había una explicación: se lo habían clavado todo. Juan José Rodríguez Prats, otro tabasqueño muy vocal, en ese entonces diputado federal por el PAN, también denunció el retraso en la construcción de las obras hidráulicas. ¿Qué pasó con este dinero? ¿Dónde había quedado? El asunto es que, cuando se vino el agua encima, no existían las obras que hubieran evitado la catástrofe.
Hace seis años, indignados por esta historia, decíamos que, cuando bajaran las aguas, los tabasqueños debían demandar una investigación al respecto. Nunca se hizo. Granier protegió a sus antecesores. Eso sí: el dinero público siguió fluyendo a Tabasco. Algunas obras hidraúlicas se hicieron. Pero ahora nos enteramos, de nuevo, de posibles casos de ineptitud, corrupción, dispendio y extraños enriquecimientos durante la administración de Granier. ¿Qué tanto sabía el gobernador? ¿Acaso él mismo se enriqueció de manera ilegal?
No sorprende que después de tres gobiernos (los de Madrazo,Andrade y Granier) donde al parecer se cometieron muchos abusos desde el poder, los tabasqueños finalmente hayan echado al PRI del poder. El nuevo gobernador, Arturo Núñez, promete que ahora sí, a diferencia del pasado, se castigará la ineptitud y corrupción gubernamental. Ojalá no sólo lo diga sino que lo pruebe en los tribunales. Porque, de lo contrario, si esto termina con el fracaso de perseguir y condenar a Granier, a Núñez le caerá una torrencial lluvia de críticas que bien podrían ahogarlo.
Twitter: @leozuckermann
Colaborador de Excelsior



