Snowden
La última cara que un Estado quiere darle a sus ciudadanos y al mundo, es la que evidencia sus debilidades. Pero aún, que éstas se muestren a través de una de sus actividades secretas favoritas, sobre todo ésa que todos comparten, porque no nos hagamos, el espionaje es una práctica utilizada a todos los niveles de gobierno.
Cuando Julian Assange irrumpió en la opinión pública; cuando a partir de él y WikiLeaks, comenzó una guerra un tanto tramposa, porque de inmediato Assange, nombrado por algunos como un héroe, por la convicción que tuvo para enfrentarse a gobiernos poderosísimos, quienes emprendieron una persecución que, supimos, iba más por un asunto de abuso sexual. Tramposísimo debate, pues en este caso es imposible desvincular el asunto de la libertad de expresión, inevitable asociarlo con la verdadera intención para el arresto de Assange, ése que no se ha concretado porque se encuentra refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.
Con la aparición de Edward Snowden, quien para muchos es el nuevo icono de la libertad de expresión. Un ex agente de la CIA, quien comenzó con una labor muy al estilo deAssange, y que hoy se encuentra en Moscú, tras huir de Hong Kong, regresamos a ese punto del debate sobre libertad de expresión y la persecución política.
Para él no hay coartada que justifique una detención que vaya por un camino distinto al de “querer callarlo”, pero sí hay un evidente interés del gobierno de Estados Unidos por hacerlo. Ha resultado curioso como hasta el presidente rusoVladimir Putin, ha salido a defender la intención de arresto estadunidense. Ayer declaraba que sólo si Snowden deja de publicar, podía quedarse en territorio ruso, y esto como respuesta a la solicitud de asilo que solicitó el ex agente, quien se encuentra varado al interior del Aeropuerto Internacional de Sheremetyevo de la capital rusa: “Si quiere quedarse aquí, hay una condición: que interrumpa su trabajo dirigido a perjudicar a nuestros socios norteamericanos. Por muy extraño que esto suene saliendo de mis labios”, decíaPutin ayer en un extraño discurso que, en efecto, hizo pensar que la Guerra Fría es cosa del pasado.
Pero también ayer sorprendía Snowden con una carta enviada al presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en una suerte de agradecimiento por haber sido autoridades de este país sudamericano, quienes le facilitaron su salida de Hong Kong... aunque también, porque Snowden tienen los ojos puestos en Ecuador, o al menos en una de sus embajadas, como Assange, para evitar cualquier posibilidad de extradición a Estados Unidos.
También aseguró que no detendrá su labor, y con ello, seguramente tampoco se detendrá la persecución que hoy lo tiene resguardado en unaeropuerto ruso.
Pero lo interesante de este caso, es que abre ese debate, a veces tramposo, pero siempre necesario sobre la libertad de expresión. Y decimos tramproso, porque a veces se vuelven herramienta política... basta con ver que Nicolás Maduro se ha mostrado interesado en Snowden, y hasta lo ha hecho tema de agenda en la visita de Estado que inició ayer en Rusia... ¿Querrá llevárselo? En tan malas manos caeríaSnowden de ser así.
Colaboración de Excelsior



