Rosa tramposa libertad
11 Marzo 2016
El debate sobre la libertad de expresión siempre es tramposo. La sola idea nos hace pensar que todo debe tener un lugar para expresarse. En teoría es cierto, nadie tiene que callar porque al de junto no le parece lo que está escuchando. Pero es distinto cuando hablamos de discursos de odio que tienen repercusión negativa y discriminatoria porque no se está provocando un debate, sino que se está imponiendo una verdad como única y eso coarta las libertades de los demás, de quienes no estén de acuerdo. No es tan sencillo entender la diferencia o cuando se cruza esa línea. En muchas partes del mundo, aún en Occidente, hablar de condiciones humanas en términos sexuales sigue siendo un terreno de difícil tránsito. Los derechos de unos para amar a quien sea, y con él o ella formar una familia, aún son temas de bravísimos debates. Hay quienes, a pesar de no formar parte de esa comunidad y negarse con sus medios (e ignorancia) a respetar y aceptar como iguales (con las mismas obligaciones y derechos civiles), creen que sus arrebatos de prejuicio (que no de fe) pueden impedir a los demás vivir su vida. Generalmente, sus argumentos están cargados de un tono religioso que, de nueva cuenta, se encuentran al margen de la razón, la ley y el respeto.
Esto viene a cuenta por la polémica que ha desatado una película que hoy se exhibe en algunos cines del país. Pink: el rosa no es como lo pintan, de Francisco del Toro, que cuenta una historia sobre la adopción homoparental desde un punto de vista cristiano, cargado de estereotipos y burdamente caricaturescos. Y esto es lo que llama la atención, entendiendo que la libertad de culto siempre será algo que todos debamos defender, no importa cuáles sean nuestras creencias, no así el tono. Justo aquello que escribía al inicio: todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas, pero de ahí a hacer de éstas vehículos para la generación de estereotipos, es una cosa distinta y peligrosa. Así lo dictaminó hace unos días la Conapred, que preside Alexandra Haas: “creemos que es responsabilidad de todas las personas —incluyendo los medios de comunicación y la industria cinematográfica— contribuir a la eliminación de estereotipos, prejuicios y estigmas que naturalizan las preconcepciones que históricamente se han transmitido por la sociedad en agravio de las personas de la diversidad sexual y de las diversas formas en que se constituyen las familias...”. Y es que por encima de la narrativa (por llamarle así, porque cinematográficamente la cinta ha recibido muy malas críticas desde el guión hasta los encuadres), la defensa que su realizador hace de ella va cargada de menosprecio a la comunidad LGBTTTI. Así como cuando escuchamos a Donald Trump decir que los mexicanos somos un peligro para su país, así escuchamos a Del Toro desacreditar a una comunidad en donde incluso hay quienes profesan la misma religión que él. Y eso, aquí o en cualquier parte del mundo, es un discurso que genera odio y discriminación. Al respecto, la misma Conapred afirma, según la Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México 2010, que 44% de las personas rechaza compartir su casa con un hombre homosexual o una mujer lesbiana, por lo que se trabaja en promover cambios culturales en materia de igualdad y no discriminación. Y cuando se habla de igualdad no se trata de imponer uno u otro estilo de vida, sino de lograr que todos ellos puedan desarrollarse con igualdad de oportunidades y derechos. Del Torotiene derecho a hacer su película, pero justificándola como una verdad, como la única verdad, es equivocado y peligroso. Aunque mientras no se entienda eso, por fortuna, el resto podemos hacer uso de nuestro albedrío y decidir no ir a ver su película, no destinar un solo peso a una cinta que promueve la idea (muy anticristiana, por cierto) de que un ser no puede amar a su prójimo como a sí mismo y como se le dé la gana y le mandata el corazón. Creo que Jesús de Nazareth estaría avergonzado (dolido, lastimado y enojado) que hagan una película como ésta en su nombre: nada más anticristiano que promover cualquier discurso de odio, intolerancia y exclusión...
Excelsior



