¿Quién es el responsable del fracaso?
26 Noviembre 2014
Qué bueno que el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, se haya ido a China a explicar por qué el gobierno mexicano canceló la licitación del tren rápido México-Querétaro. Lástima que no haya hecho lo mismo aquí en nuestro país. En México todavía seguimos esperando las explicaciones de un fracaso que nos costará a los contribuyentes. Al día de hoy no sólo no se ha aclarado el asunto sino que tampoco hay responsables de lo sucedido. Como si nada hubiera pasado. Todo tranquilo. Típico de los gobiernos mexicanos: no hay consecuencias cuando se cometen errores.
En múltiples ocasiones escuché al secretario Ruiz Esparza defendiendo la licitación del ferrocarril mencionado. Con pasión, elocuencia y convicción, decía que el proceso había sido ejemplo de pulcritud, transparencia y legalidad. Si el gobierno no había dado más tiempo para preparar el proyecto era porque tenía prisa por sacar adelante tantas obras públicas a las que se había comprometido.
En este caso, sólo los chinos habían presentado en tiempo y forma una propuesta. Traían, además, un buen financiamiento de su gobierno. A ellos, los únicos que se presentaron al concurso, se les asignó la obra que costaría más de 50 mil millones de pesos. El secretario afirmaba que la construcción estaba en buenas manos ya que China Railway Construction Corporation (CRCC) tendría buenos socios mexicanos. Una de estas constructoras la conocía muy bien Ruiz Esparza: Grupo Higa, empresa mexiquense que había construido muchas obras públicas siendo él secretario de Comunicaciones durante el gobierno de Peña Nieto en el Estado de México.
En múltiples ocasiones salió el secretario de Comunicaciones y Transportes a defender la licitación. Pero, de repente, y a pesar de la apasionada defensa de Ruiz Esparza, el presidente Peña la canceló: “Con el fin de dar más transparencia y claridad; para que no haya dudas sobre este proyecto”. ¿Pues no que había sido ejemplo de pulcritud, transparencia y legalidad? ¿Qué pasó?
Un par de días después de la cancelación, gracias a un estupendo reportaje de Aristegui Noticias, nos enteramos de que Grupo Higa, uno de los socios que había ganado la licitación, era el dueño y le estaba financiando una lujosísima mansión en las Lomas de Chapultepec a la esposa del presidente Peña. ¿Fue esa la razón por la que se canceló la licitación? ¿Sabía el gobierno que venía el reportaje de la casa deAngélica Rivera y por eso revocó la licitación?
Al día de hoy no lo sabemos porque Ruiz Esparza está dando explicaciones en Pekín y no en el Distrito Federal. Lo que sí sabemos es que el gobierno mexicano tendrá que indemnizar a los ganadores de la licitación revocada. Bien a bien no se sabe cuánto nos costará el chistecito a los contribuyentes. Notas de prensa hablan de sólo los gastos en que incurrieron CRCC y sus socios para presentar su proyecto. Otras afirman que hasta el “uno por ciento de la propuesta económica” de los ganadores equivalente a más de 500 millones de pesos. También he escuchado que, siendo CRCC una empresa que cotiza en la Bolsa y cuya acción cayó debido a la cancelación, los accionistas podrían demandar al gobierno mexicano para compensar el valor perdido; tendrían un sólido caso en la medida en que ellos no hicieron nada ilegal que justificara la cancelación.
Sea cual sea la cifra, que no será insignificante, este dinero no lo pagará ni Ruiz Esparza ni Peña Nieto ni Angélica Rivera. No, lo pagaremos los contribuyentes mexicanos.
¿Acaso no hay nadie que sea el responsable de este fracaso?
Ahora que el Presidente presentará una serie de medidas para fortalecer el Estado de derecho, valdría la pena incluir mecanismos de responsabilidad y rendición de cuentas de los políticos cuando cometen errores. Podrían comenzar reconociendo el fracaso de la licitación del tren México-Querétaro y determinar quién fue el responsable.
Twitter: @leozuckermann



