El Presidente se enoja con lo de las casas
4 Marzo 2015
Mucha suerte ha tenido la corresponsal del Financial Times en México,Jude Webber. Es la única periodista que ha conseguido entrevistar a fondo a Peña Nieto después de los escándalos de las casas Higa-San Román. El Presidente, al igual que el secretario de Hacienda unos días antes en otra entrevista con Webber, reconoció que en México hay “una sensación de incredulidad y desconfianza… ha habido una pérdida de confianza y esto ha sembrado sospechas y dudas”. Lo que no se atreve a decir el mandatario es que una de las fuentes de la desconfianza es la revelación de las distintas casas que él, su esposa y Luis Videgarayposeen cortesía de contratistas favorecidos por ellos a su paso por los gobiernos federal y del Estado de México.
Profesional, como es Webber, desde luego que le preguntó sobre el tema de las casas a Peña Nieto. Cito lo ocurrido y reportado en el Financial Times:
“El Presidente dijo que el asunto se ha ‘satanizado’ y se refirió a un ‘innovador’ sistema de lucha contra la corrupción, ahora en las etapas finales de aprobación en el Congreso, diseñado para que los funcionarios públicos rindan cuentas. Pero la implementación del sistema sigue siendo ‘el gran desafío’, agregó. La mención del escándalo de la casa de lujo que ha avivado cinco meses de descontento público es el único momento durante la entrevista de una hora en que el Presidente mexicano mostró un atisbo de enojo. Flanqueado por cuatro ayudantes y exudando la autoridad ceremonial que engendran los elaborados protocolos de Los Pinos, la residencia presidencial, el desempeño del señor Peña Nieto fue por lo demás impecable —y sus críticos dirían que de acuerdo a un guión— como se ha llegado a esperar de este hombre telegénico de 48 años de edad, quien tiene el peinado hacia atrás como ídolo de matinée, casado con una estrella de telenovelas. El señor Peña Nieto se apresuró a recuperar su aplomo habitual —a pesar de que la tensión de ser el Presidente mexicano menos apreciado en los últimos veinte años le ha cobrado la factura; sus ayudantes admiten que trabaja hasta altas horas y corre para quemar su energía nerviosa. ‘Yo soy el más interesado de todos de que haya una aclaración oportuna (de la cuestión de la casa) más allá de la defensa que yo y mi secretario de Hacienda ya hemos hecho’, dijo el señor Peña Nieto, colocando su mano sobre su corazón y su fe en el sistema anticorrupción que aumentará las facultades del auditor del Estado y creará un fiscal anticorrupción”.
He ahí el problema: tanto el Presidente como el secretario de Hacienda admiten que existe una crisis de confianza pero carecen de una explicación creíble de una de las fuentes de la desconfianza, es decir, el tema de las casas. Y como naturalmente le incomoda este asunto a Peña, pues ha decidido que nadie en la prensa nacional lo entreviste. Sólo le abre la puerta al Financial Times presionado, supongo, por la visita de Estado que está realizando al Reino Unido, sede del prestigioso diario.
Hace poco Peña viajó a Washington para reunirse con el presidenteObama. Como suele suceder en este tipo de encuentros, hubo un espacio con los medios de comunicación mexicanos y estadunidenses. Sin embargo, no se permitieron preguntas de los periodistas como tradicionalmente ocurre. ¿Por qué? Supongo que la delegación mexicana solicitó que no hubiera preguntas para que nuestro Presidente no se incomodara.
Ahora, en su visita de Estado al Reino Unido, Peña Nieto no tendrá ni un encuentro con los principales medios británicos ni una conferencia de prensa. Habrá mucha pompa y circunstancia y reuniones con la clase política, académica y empresarial. Pero nada de responder preguntas incómodas de la prensa, igual que en Washington e igual que en México donde el Presidente lleva ya varios meses, desde que se destapó el escándalo de las casas, sin dar una entrevista a fondo con un periodista dispuesto a hacerle los cuestionamientos de las casas. Es, en suma, un Presidente que no puede hablar. Y no puede hacerlo porque no sabe qué responder aunque reconozca que el país atraviesa por una sensación de incredulidad y desconfianza.
Twitter: @leozuckermann



