2.386,000 pesos por diputado
22 Abril 2015
De acuerdo con una nota publicada en el periódico Reforma el día de ayer, entre marzo de 2014 y febrero de 2015, nuestros diputados federales recibieron mil 193 millones de pesos para gasto discrecional, es decir, para gasto que se eroga sin fiscalización alguna. De hecho, el destino de este dinero, el cual es repartido entre, y manejado por, cada una de las bancadas de los partidos políticos representados en la Cámara de Diputados, sólo es del conocimiento de los coordinadores de cada una de éstas (eso en el mejor escenario, pues es posible que ni siquiera dichos coordinadores sepan a ciencia cierta para qué se utilizan estos recursos).
La cantidad de dinero en cuestión equivale a 2.386,000 pesos por diputado. No está de más mencionar que este dineral es extra a los salarios, prestaciones, seguros médicos privados y los vales de despensa de los que cada uno de los legisladores goza. En otras palabras, con nuestros impuestos y con lo que genera Pemex (que, se supone, es de “todos”), los diputados no sólo reciben pagos y beneficios más que generosos por su trabajo sino que, además, cada uno de ellos se gasta en un año, en promedio, más de dos millones de pesos de manera discrecional, en “lo oscurito”.
Mientras esto ocurre, el señor secretario de Hacienda nos dice que, pronto, habrá recortes muy fuertes en el presupuesto, que es un hecho que muchos burócratas serán despedidos, que hay proyectos e inversiones que se tendrán que dejar para otra ocasión. De hecho, la reducción presupuestal será tan grande que Luis Videgaray ha comentado que, para el año que viene, se partirá de un presupuesto “base cero”, es decir, algo así como un “borrón y cuenta nueva” para las finanzas del país.
Me pregunto si dentro de las propuestas de la Secretaría de Hacienda para el presupuesto “base cero” se incluirá una reducción seria —pero seria de verdad— a las asignaciones recibidas por la Cámara de Diputados. Me cuestiono también si, de ser así, los diputados, quienes a final de cuentas son los que aprueban el presupuesto federal, estarán dispuestos a aceptar dichas propuestas o, si éstas brillarán por su ausencia, ellos mismos reducirían las partidas que les corresponden.
También es importante resaltar lo siguiente: ¿por qué el gasto de las bancadas continúa siendo opaco? Cierto es que la recientemente aprobada Ley de Transparencia podría ayudar con relación a este tema, pero, ¿cuándo llegará el día en que todos podamos saber con claridad en qué es que la Cámara de Diputados gasta más de dos millones de pesos por legislador, más allá de los salarios, etcétera, que cada uno de ellos recibe?
Bueno, siendo honestos, sí tenemos idea respecto a en qué se utilizan los recursos: las bancadas dedican parte de sus millones a organizar sendos y súper“útiles”, seminarios, mesas de diálogo, presentaciones de libros, etcétera. También utilizan una fracción de “sus” dineros para que los legisladores vuelen a Europa cuando son invitados a participar en congresos, paneles, etcétera, en los que sus “inigualables” e “imprescindibles” conocimientos iluminan a los presentes. Obvio, dichos dineros se usan también para que, ya estando fuera del país, los diputados se hospeden, coman, beban y se paseen.
No creo que las bancadas no deban recibir recursos necesariamente, pues bien puede ser que sí los necesiten. Lo que es inadmisible es que éstos sean estratosféricos, que no sean fiscalizados y que todo esto tenga lugar cuando los diputados figuran entre los funcionarios públicos mejor pagados del mundo y, simultáneamente, hay millones de mexicanos que ni siquiera tienen para comer bien, hay niños que requieren educación de calidad y no la obtienen, etcétera.
La clase política se burla de los mexicanos una y otra vez, desde hace décadas. Hay cansancio, hay hartazgo, “el horno no está para bollos”. Sin embargo, paradójicamente, estamos ante una gran oportunidad para cambiar y mejorar. ¿Lo comprenderán los políticos, comenzando, precisamente, por los diputados? Lo dudo. Pobre de ti, México.
Twitter: @aromanzozaya



