C 4: Policías y ladrones

17 Agosto 2016 

 C 4: Policías y ladrones

 

La Opinión de Baldemar Mijangos

TAMPICO.- Los asaltos bancarios que han ocurrido en la zona y los robos que eventualmente se presentan en negocios y en la vía pública hacen ver que algo muy serio está ocurriendo en los mandos policiales a unos días de que concluya uno de los más infaustos sexenios del gobierno estatal que se recuerdan.

 

De entrada podemos decir que la ‘estrategia’ para apaciguar los delitos de alto impacto disminuyeron, que no desaparecieron, como lo había estado pidiendo el empresariado desde el gobierno de Felipe Calderón. Era común y hasta cotidiano observar persecuciones a mitad de ciudad de pistoleros, que en el mejor de los casos se mataban entre sí, pues los saldos de la sociedad siempre se presentaban aunque los vecinos corrieran debajo de las camas.

 

Por atender el delito federal se dejó en el olvido el delito del fuero común, el cual sigue vivo y le pega al ciudadano de a pie y a los comerciantes de todos los niveles. El delito común, así le llaman, porque está escrito que lo debemos padecer desde que nacimos hasta que morimos.

 

Poco o nada se ha hecho para contenerlo. Y cuando el Gobierno estatal se halla en la parte final, en su ocaso, se entiende que los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley vean más por conservar su puesto o no salir raspados en una eventual auditoría, que en atender los problemas de seguridad para los cuales están contratados.

 

Del gobernador Egidio Torre Cantú ya no se puede esperar nada más. Si hizo mucho o poco quedará para el análisis de los cronistas, pero lo cierto es que le quedó a deber a la sociedad tamaulipeca cuando apenas logró capacitar a una risible cantidad de policías estatales cuando de sobra se sabe que se requieren de miles para cubrir toda la geografía estatal, dando a lugar que marinos y soldados se dediquen exclusivamente al delito federal.

 

En todo esto, llama la atención que no se haga uso de las nuevas tecnologías para vigilar sectores conflictivos de varias ciudades de Tamaulipas que no cuentan con la llamada policía preventiva. Si el sistema de video vigilancia funciona en otras partes de México y varias ciudades del extranjero, uno no tiene menos que preguntarse por qué aquí en la zona, donde hay más de 500 cámaras, no se tienen mejores logros.

 

Esta tecnología, está probado, puede ser de enorme utilidad para las entidades de gobierno, como es en este caso, si tuviera el uso que se supone debe instrumentarse desde los polígonos de seguridad. En cambio el mal uso de estos costosos equipos sólo va en detrimento de los ciudadanos, a los que debería cuidarse y protegerse.

 

El sistema de video vigilancia costó tanto que ahora se está viendo por algunos al llamado C 4 como un elefante blanco, que parece que no rinde frutos de nada, y únicamente, eso sí, viene a engrosar las nóminas de una burocracia policial. Si de por sí la Policía Investigadora no resuelve nada, el sistema C 4 no previene delitos para lo que supuestamente fue creado.

 

Algo extraño ocurre en el C 4 de Tampico. Algo pernicioso se ha engendrado. Algo que no sé que será, guarda con celo las imágenes de los asaltabancos que ‘trabajan’ impunemente en la zona, cuando filtra accidentes viales de personas atropelladas que ya bastante daño han sufrido con la muerte como para que se les exhiba en los noticieros de la TV a manera de cortina de humo, si no es que para eso se filtran.