¿Perdieron la batalla los generales?
29 Agosto 2016
¿Perdieron la batalla
los generales?
Campanario/Martín Sánchez Treviño
En los últimos cinco años con ocho
meses ha quedado demostrado en Tamaulipas que con tres generales y un comisario
al frente de la secretaría de seguridad pública, las demandas de seguridad
están lejos de resolverse. El problema sigue en las calles, carreteras y
ciudades. Lo que quiere decir que no es con generales ni con comisarios como
los gobernantes de esta entidad podrán recuperar la prosperidad de esta región.
Las
bardas se duplicaron en zonas residenciales lo mismo que en colonias populares
que zonas donde vive clase media. Solamente en las zonas de alta marginalidad,
las casas de cartón están sin protección, la mayoría de esas viviendas carecen
de una cerca de alambre. Quizá porque estos ciudadanos no tienen nada que
perder.
En tanto que la secretaria encargada
de ofertan seguridad a los tamaulipecos no solo aumentó seis metros la altura
de su barda en el complejo de seguridad y oficinas afines a estas tareas, sino
también dispone de los denominados garitones propios de las cárceles. Por si
fuera poco, un alambrado de seguridad corre sobre el perímetro de norte a sur y
de oriente a poniente, en sus bardas de referencia.
Aún así, es triste recordar que
dentro del magno complejo de seguridad fue reventado un coche bomba, lo mismo
sucedió en la residencia habitada por el comisario Rafael Lomeli, en una zona
residencial de la capital tamaulipeca. Sera acaso que los generales y el
comisario perdieron las batalla?
Aunque es un tema delicado, vale la pena que las autoridades conscientes
de sus deberes y su deuda con los ciudadanos, tuvieran capacidad para hacer un
dictamen y un análisis serio y trascendente de los resultados, de una guerra que sigue registrando más bajas en los
ciudadanos en la que los titulares gubernamentales son intocables, con algunas
excepciones.
Es sorprendente y de subrayar, que
en los últimos años si bien disminuyeron
los asaltos en carretera, en parte porque los ciudadanos dejaron de
viajar, pero se incrementaron otros delitos como el secuestro y la extorsión en
los pueblos y ciudades tamaulipecas.
Actos
que agravian a los ciudadanos porque en la mayoría de estos han participado ex
policías y policías en funciones, formados bajos los nuevos paradigmas de la
certificación. Lo que advierte que la formación de los elementos de seguridad,
arrastran y enfrentan severas deficiencias. Sobre todo en cuestiones de ética y
profesionalismo.
Ante todo hay una policía carente de
identidad, porque han sido formados en cuarteles militares y son policías no
soldados. Quizá la ligereza en el cargo de los tres generales y el comisario
que han ejercido el mando en las tareas de referencia, les parecen un
reconocimiento a su persona y no una tarea o una responsabilidad social.
Yante
el repudio a priori de la milicia, en el desempeño de tares de seguridad, seis
años después, las expresiones ciudadanas muestran que el ejército mexicano y no
las nuevas policías, son los garantes de la seguridad.
Sera
entonces necesario apuntar que el fondo del rezado que hay en materia de
seguridad, en la que los resultados son inapropiados bajo la dirección de los
tres generales y un comisario. Pudiera haber un choque de identidad entre los
mandos militares y los 1,700 policías certificados y 800 más que no gozan de
esa clasificación.
O bien hay fallas severas por parte
de los organismos encargados de la certificación. Ya que los tamaulipecos están
ciertos y enterados por sus autoridades que tienen en las calles una policía
certificada y confiable.
Pero lo anterior repugna, cuando los ciudadanos ante un hecho de inseguridad recurren a las fuerzas miliares y de la marina, no así a la denominada fuerza Tamaulipas, para que conozcan de algún ilícito o irregularidad.



