Osito panda que aún no anda
2 Enero 2015
Mi compañero Ángel Verdugo la tiene fácil. Como buen pesimista, si acierta en su lúgubre pronóstico tiene el dudoso placer de espetarnos en la cara “se los dije”. Si se equivoca, dirá, qué bueno que no tenía yo razón y las noticias son buenas: sigues vivo y sano, tienes trabajo y amor.
Escuché la Noche Vieja el comentario de Ángel y no tenía yo para dónde hacerme. Yuri podrá seguir cantando lo que quiera, pero ya no me levanta digamos el ánimo como hace veinte años lo hacía. A pesar de que los especialistas del optimismo forzado pueden citar diferentes crisis del pasado reciente que los mexicanos supieron providencialmente superar, la actual no tiene progenitora. Y no me refiero solamente a los indicadores materiales del desastre, esa terca realidad que no quiere adaptarse a nuestras convicciones. Me da mucho más miedo la permanente disposición de los señores del poder a no aceptar los hechos incontrovertibles y a refugiarse en el barato recurso de que los hechos de hoy son solamente consecuencias de los de anteayer.
Más me irritan las salidas oportunistas, tontas y molestas. Por ejemplo, que se vaya Peña Nieto, el estribillo favorito de los idiotas seducidos por su impotencia.
¿Subió el dólar a 15.80? Que se vaya Peña Nieto. Es la respuesta a todos los males.
Si los que manejan a los padres de los muertos de Ayotzinapa insisten en que los muchachos deben regresar muertos-vivos y no hay modo, que se vaya. Si el petróleo se pone a mitad de precio en el mercado porque los árabes quieren castigar a los gringos, que se vaya. Que se vaya si sube el limón, que se vaya por el gasolinazo, indispensable para que el gobierno tenga dinero para pagarles a sus legisladores, partidos políticos y líderes sindicales, sin cuyo concierto el Estado se desmorona. Que se vaya si las Chivas no agarran el ritmo, que se vaya si me sale chafa un condón y se rompe, que se vaya si siguen los baches, que se vaya si hay un apagón. Y siga la melodía.
Un verdadero solo de trompeta adornado de imbecilidad.
Supongamos por un momento que Peña ya se fue, y que todos de la mano entramos a un mundo maravilloso en donde Yuri le canta al Osito Panda que aún no anda, en una regresión que de pensarla me aterra. ¿Se habrá resuelto la infinita cadena de deficiencias consustanciales a la realidad que hemos venido forjando por decenios y que la generación del milenio pretende perpetuar? No es pregunta, es una estupidez mal formulada.
Ángel Verdugo dirá que no tenemos remedio.
Mi vocación es decir que está equivocado, que sí hay una salida. Lo que pasa es que no sé cuál es; pero si no lo creo, tengo la obligación ética de cortarme las venas con galletas de animalitos, si es que todavía están en precio.
Y a lo mejor sí sé cuál es la salida, como lo sabemos muchos mexicanos, pero nos hacemos tontos, y ni la platicamos ni la practicamos. La enunciaron, cada quien a su modo, Juárez yChurchill, Morelos y Roosevelt. ¿Qué tal que ensayamos todos, por una sola vez, ser honestos y ponernos a trabajar? Hacer mejor lo que cada uno de nosotros sabe hacer bien. Pero todos.
Incluyendo Peña.



