Oportunidades desperdiciadas

6 Noviembre  2015

La prohibición. El debate que se genera a partir de la sentencia de la Corte al proyecto del ministro Arturo Zaldívar es sumamente interesante. Nos lleva a terrenos casi filosóficos, porque es hablar de moral personal y de la paradoja en la que casi siempre habita. No se puede legislar con base en ella, pero siempre que se hace de esta manera nos sucede a todos y en todo, inevitablemente, dar una postura respecto de algo que lleva una percepción meramente personal, viciada para el resto. Ahí que las diferencias nazcan y que las convergencias surjan. Y es justo ahí en donde habitan los prejuicios respecto a lo que sea. Todos creemos cargar con la razón y esperamos que sea compartida, no puede jamás ser así. Pero nos perdemos en el intento por conseguirlo.

Las leyes son víctimas recurrentes de estos juicios, su implementación queda siempre sujeta a la percepción de quien la aplica y de quien la redacta. Por ello, en la Corte se han llevado a acabo discusiones en torno a diversos temas: el matrimonio entre personas del mismo sexo, el caso de Florence Cassez (cuya ventaja para la acusada fue lo mal armado que estuvo su expediente y eso fue lo que se discutió, jamás se le declaró inocente), y tantos casos más en los que se despejaron todas las dudas y llenaron los vacíos legales, gracias al trabajo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Ésta tendría que ser la gran oportunidad para el gobierno de Enrique Peña Nieto. Presentar una iniciativa que dé continuidad al debate que ya se generó en torno al tema de la legalización y la prohibición del consumo de la mariguana. Es el camino que esperamos todos aquellos que celebramos lo resuelto por la Corte; es el camino que temen aquellos que tienen tantos prejuicios respecto al tema, pareciera, desafortunadamente, que es el mismo que tiene Presidencia. Lo dicho, el miércoles por la noche, por Humberto Castillejos no da pie a pensar otra cosa, lo repitió ayer: “El consumo sigue siendo ilegal”, pero no pasan de ahí. ¿Cuánto más tendremos que esperar para cambiar la forma en que hacemos nuestras leyes? Redactarlas y aplicarlas con una visión de Estado, en la que se logre respetar todas las posibilidades de la libertad para decidir, como en el caso del consumo de drogas y, de paso, manejar distinto nuestras políticas de salud y de seguridad.

La dirigencia que no llega. Al PRD le ha costado convertirse en un actor de relevancia en tiempos en los que nuestro país necesita una izquierda sólida. Desde que Jesús Zambrano presidía al partido a nivel nacional, poco ha logrado el perredismo como grupo opositor. Sumergidos en crisis que se han agudizado, también, por acontecimientos tan terribles como lo ocurrido en Iguala el año pasado, no han conseguido siquiera explicar el porqué abanderaron a José Luis Abarca, menos aún, a pesar del contexto, decir por qué Eric Ramírez, alcalde de Cocula, fue candidato. Carlos Navarrete, quien hoy está al frente del PRD, ha intentado manejar los escándalos, pero no los ha resuelto. En la espera están figuras perredistas importantes que esperan el momento de darle al partido un giro, de provocar una renovación que lo regrese a su lugar, como una izquierda opositora fuerte y no como un grupo que no logra encontrar la luz del túnel. Zoé Robledo es uno de aquellos que aspiraba poder hacer realidad esta renovación, pero se ha cansado de las varias postergaciones que se le ha dado al proceso. Cada escándalo que surge alrededor del partido es pretexto para que la fecha de renovación no llegue:

“No hay contienda, no habrá un proceso democrático, no habrá candidatos. He decidido no formar parte de un esquema de simulación. No quiero formar parte de una decadencia...”, me dijo ayer el senador en entrevista para Reporte 98.5. Así que el PRD podría quedarse sin esa oportunidad que hoy tiene en sus manos para renovarse y ser un actor político de relevancia en la izquierda nacional.