Opacidad y gobernabilidad
14 Septiembre 2016
Opacidad y
gobernabilidad
Campanario/Martín Sánchez Treviño
Ante los resultados de las empresas calificadoras de la deuda de México cuyos intereses se
estima representan el 50 por ciento del producto interno bruto, las mismas
calificadoras internacionales, consideran que el problema de este país no es sólo
de deuda -aunque así se vea-, sino de gobernabilidad, comparada con los
intereses y la propia deuda.
Y resulta fácil deslizar una reflexión sobre los
acontecimientos de estados como Michoacán, Oaxaca o Chiapas, donde la
ingobernabilidad es parte de la cotidianidad, quizá porque lo vemos en
perspectiva, en cambio los sucesos de esta entidad ante los cuales perdemos
perspectiva, aunque ganamos distancia, no los consideramos como un problema de
gobernabilidad.
Aunque la ausencia de gobernabilidad esta desde antes del
día uno, lo mismo que la deuda de esta entidad, que en los últimos 12 años,
fácilmente supera los 50 mil millones de pesos. No se diga la “deuda indirecta”
que según la página de transparencia de la secretaría de finanzas estatal,
supera los 330 mil millones de pesos. Por lo mismo se quedo limitada la
senadora panista Sandra Luz García cuando señala que hay un pasivo circulante
de 7,300 millones de pesos de administración saliente.
Pero
la deuda se ha convertido en particular en esta entidad como un activo de unos
y un pasivo de otros. Que exige una respuesta puntual, pero ante tal
cuestionamiento, quienes se van buscan aplazar la entrega de la numeraria deficiente
que heredarán. Mientras que quienes llegan tienen sumo interés en conocer los
compromisos adquiridos para los próximos años y que seguramente afectará la
primera y segunda generación.
Quizá
en este sentido habría que interpretar los titubeos de la contralora Gilda
Cavazos Littera quien asegura que se trata de un proceso apegado a la ley. Se
les está dando información, dice, pero el 30 de septiembre -el día anterior de
la toma de posesión- se les entregara toda la información. Esto es según los
estatutos de la ley de transparencia.
Por
esa razón los enterados de este tipo de circunstancias, consideran que el
problema de este país incluidas sus entidades, además de la falta de
gobernabilidad son víctimas de la opacidad. Porque la inseguridad pública
además de coaccionar la vida de los ciudadanos libres y soberanos, los deja en
la indefensión.
Y
no obstante que en las últimas décadas han surgido organismos creados para los
alcanzar fines de la transparencia y la rendición de cuentas, como las
contralorías, auditorias superiores, institutos de transparencia y organismos
no gubernamentales. También estos se han convertido en entes descentralizados
de los gobiernos municipales, estatales y federal.
Son
por demás entendibles las expresiones de César Verastegui Ostos ex dirigente
del panismo estatal y hombre cercano al gobernador electo, cuando señala que
los funcionarios del gobierno saliente no les muestran todo los hay, ya que no
les entregan documentos. “Dejen levantar la alfombra, pero quizá ni alfombra
encuentro”, comentó en la semana anterior el gobernador electo Francisco García
Cabeza de Vaca.
En tanto que el gobernador saliente Egidio Torre Cantú se pronuncio respetuoso del posicionamiento de los empresarios victorenses, que piden la intervención del presidente Enrique Peña Nieto para que atienda las necesidades de seguridad. Ciertamente la postura de sus homólogos no le resulto nada complaciente.



