Nuestros muertos
16 Mayo 2017
Nuestros
muertos
Deysi Sánchez
Hace
un par de días leí la opinión del pintor Carlos Ostos, donde exponía que en
México no a todas las muertes se les da la importancia que merecen. Que varios
de los muertos gozan con el privilegio de trascender y de esta forma la
población, o ciertos sectores de ella, se indignen, porque sí, no habló de
todos los muertos, sino de los que
fueron asesinados, de esos que fueron callados por una u otra razón o
circunstancia.
Cómo
es posible que sólo algunos de estos asesinatos conmuevan y otros pasen
completamente desapercibidos. Cómo es posible que algunas de estás muertes
toquen movimientos y ocasionen marchas, mientras otros no son mencionados ni
siquiera en un tuit.
¿Cuántos
mexicanos han caído tan sólo en este año? No, ya no es fácil fiarse de las
estadísticas, porque como casi todo lo que se desprende de “las cifras
oficiales”, viene con varias capas de maquillaje, con ese oleaje de engaño que
nos entregan nuestras autoridades.
Hace
un par de semanas una estudiante, un pequeño de dos años, cuatro militares y
seis delincuentes, hace una semana una activista, ayer el director del ISSSTE
en Tehuacán, Puebla, una chica con una navaja entre las piernas hallada en un
lote baldío y el periodista Jesús Javier Valdés Cárdenas, colaborador de La
Jornada y fundador de Ríodoce, corresponsal de Sinaloa, uno de esos periodistas
que a pesar de saber el peligro que corren se la jugó, escribiendo libros para
documentar la narcopolítica.
Y no,
no es que una de esas muertes valga más que la otra, pero mientras cada una de
ellas siga quedando impune está ola de homicidios no va a ceder.
A los
mexicanos se les asesina por todo: por ser mujer, por ser militar, por estar en
contra del sistema, por levantar la voz, por exhibir a los delincuentes que
están fuera y dentro del gobierno, por
estar en el lugar equivocado cuando hay algún enfrentamiento entre narco y
fuerzas militares.
Será
acaso como decía Juan Rulfo (quien por cierto hoy estaría cumpliendo 100 años),
que la muerte se toma como una cosa natural,
ya que nosotros, los latinoamericanos, tenemos un modo muy diferente al
de los europeos de pensar en la muerte: “Ellos nunca piensan en la muerte hasta
el día en que se van a morir”, decía. Por el contrario, “los latinoamericanos están
pensando todo el día en la muerte, hasta para despedirse en la noche dicen
‘Dios mediante’ o ‘si Dios nos da vida’, dicen ‘Hasta mañana si Dios nos da
vida’. Porque siempre conviven con la muerte”.
¿Será
acaso que México se está convirtiendo en el Comala de Pedro Páramo? Dónde ahora
sólo habitan dos clases de muertos; esos que están bajo tierra y los otros que
pasan de largo como ánimas en pena.
deysisnhn@gmail.com



