No todos sufren del “complejo 007”
8 Abril 2015
Me temo que la clase política mexicana atraviesa por una alerta epidemiológica ante un padecimiento feroz con alta tasa de contagio. Tal vez tenga que ver la reciente visita de Daniel Craig a nuestro país, pero de lo que le estoy hablando es altamente peligroso: el “complejo de 007” (de petatiux, por supuesto): volar en helicóptero a la menor necesidad. No ha pasado ni una semana del escándalo de David Korenfeld (y seguimos contando los minutos que tarda el gobierno federal en pedirle su renuncia), cuando nos enteramos de que CarlosNavarrete, presidente del PRD, pidió su servicio aéreo “porque se le hacía tarde” para ir al evento de Silvano Aureoles (¿y a todos los que se nos hace tarde debido a la pésima planeación urbana y el deficiente transporte público en las ciudades que ellos gobiernan?). Parecen alérgicos a la vía terrestre. Pero a lo que en realidad son alérgicos es a la mesura y a la contención que debería caracterizar a quienes dicen que los guía el “espíritu de servicio al pueblo” mexicano. Más bien de autoservicio a costillas del pueblo mexicano.
Afortunadamente, no todos los funcionarios han sido contagiados por este mortal virus de inmoralidad. Tanto en el gobierno federal, como en los locales, los partidos y el Congreso, hay ejemplos de quienes sí han sabido ocupar con decencia y dedicación el cargo que les fue asignado o para el que fueron electos. No sólo abusando de las atribuciones que su cargo les da en automático, sino porque, además, se han puesto a trabajar y han logrado que cuando se hable de ellos, se hable bien.
Se me ocurren varios ejemplos. La secretaria de Turismo, Claudia Ruiz Massieu, es, hoy por hoy, una de las mejor evaluadas (por la opinión pública) del gabinete. Su gestión ha logrado (contra todo pronóstico) darle la vuelta a la percepción internacional que había de México como un destino turístico casi indeseable. Lo dicen los números: México se convirtió en 2014 en uno de los lugares más visitados del mundo por el sector turístico, rompiendo récord de afluencia de visitantes extranjeros.
Lo mismo ocurre en el caso del titular de la SRE, José Antonio Meade. No sólo por las gestiones (de suyo siempre complejas) de la cancillería en asuntos diplomáticos o de atención a mexicanos en situaciones comprometidas en el exterior (como en Túnez o por el caso Germanwings), sino que, además, ha sido él quien ha dado la cara ante los medios extranjeros tras los escándalos y ha hecho toda una estrategia para que la inversión extranjera siga viendo a México como destino deseable (al final, esto último es en beneficio de todos los mexicanos).
Otro ejemplo, José Antonio González Anaya, director del IMSS: otro de los funcionarios que, manejando cantidades abismales de presupuesto (de ésas que uno no puede ni pronunciar de tantos ceros que traen consigo). Uno que se ha empeñado —sin tomar un solo centavo que no le corresponda—, en sacar adelante una labor casi titánica para limpiar las finanzas de una institución cuya falta de salud financiera (irónicamente) ponía en peligro los servicios de salud públicos para millones de mexicanos.
Lo mismo ocurre con Mónica Aspe Bernal, quien, además del uso adecuado de millonarios recursos, ha hecho del programa “México Conectado” (y varios más que están bajo su supervisión) uno de los más exitosos en lo que va de este sexenio.
También a nivel local vemos a Zoé Robledo, senador de la República por el PRD, quien a raíz de los escándalos inmobiliarios y de conflicto de interés por todos conocidos, lanzó la campaña #3de3, que invita a los legisladores a presentar su declaración patrimonial, de impuestos y de conflicto de interés. Misma a la que ayer se sumó David Razú, candidato a la jefatura delegacional de Miguel Hidalgo, otro de estos personajes que tenemos en plataforma política y que han realizado un trabajo íntegro.Tal como ocurre también con ArmandoRíos Piter, quien se desmarcó del resto de perredistas en Guerrero, al no aceptar las condiciones que le exigían para ser candidato a la gubernatura. Él sí supo decir que no.
Y no me alcanza (felizmente) el espacio para nombrar a mexicanas y mexicanos que sí traen en las venas la pasión, pero también la decencia, para servir a nuestro país. A ésos y ésas que, afortunadamente, no se han contagiado del “complejo 007” y que, acaso, sean los que puedan bajar del helicóptero a los que ya se marearon (al grado de vómito) por las alturas propias del poder, del poder que ni siquiera entienden.



