AMLO no los mató
28 Octubre 2014
Andrés Manuel López Obrador no mató a los estudiantes de Ayotzinapa que, desgraciada e indignantemente, fueron asesinados el 26 de septiembre pasado. Y tampoco secuestró o desapareció a los 43, de los cuales seguimos sin tener noticia. Es más, tampoco es culpable de lo que ordenaronJosé Luis Abarca y María de los Ángeles Pineda esa misma noche. No es culpable, siquiera, de que su protegido político,Lázaro Mazón, tuviera como protegido político al hoy prófugo edil Abarca. No hay delito que perseguir. De lo único que, en todo caso sí podemos acusar a AMLO, es de una omisión imperdonable. Una omisión, un silencio que borda en lo criminal no sólo en su caso, sino en el de todos aquellos y aquellas que sabían de los vínculos del matrimonio Abarca-Pineda con el crimen organizado. Porque hay que subrayarlo: no sólo él, sino los tantos y tantas que se hicieron como que la Virgen les hablaba cuando se enteraron de los nexos de aquéllos con Guerreros Unidos. Imperdonable silencio en el caso de todos, pero más en el silencio del político que lleva por lo menos 15 años vendiéndose a sí mismo como la única pieza inmaculada del sistema político mexicano. El que ha hecho del discurso contra “la mafia”, contra “la corrupción”, contra “la deshonestidad”, su grito de guerra permanentemente electoral. Esta omisión frente a “la mafia” del crimen organizado, frente a la “corrupción” de los suyos lo convierte, por decir lo menos, en un político tan deshonesto como los que tanto gusta señalar. O más: porque pone de manifiesto que lo suyo ha sido, en el mejor de los casos, no honestidad, sino mera “hipocresía valiente”.
Y es que por más que él y los demás lo griten a los cuatro vientos, resulta imposible pensar que no sabían. Hoy se hacen los sorprendidos. Hoy ya todos se curan en salud, se lavan las manos y que el agua le salpique al de junto. Pero, ¿en serio no se les proporciona un historial de aquellos a quienes candidatean? ¿Pues qué clase de política realizan? ¿Así tan a botepronto otorgan sus candidaturas? Para el caso que nos ha ocupado ya un mes, ¿jamás tuvieron indicios de la colusión que con el crimen tenían —o tienen— los Abarca? Pero si ahora sabemos que los tuvo la PGR cuando René Bejarano y Dolores Padierna los alertaron. También sabemos que AMLO los tuvo de la mano de Óscar Díaz Bello, cuando en aquel entonces El Peje era el abanderado del PRD a la Presidencia por segunda vez, el mismo PRD que llevó aAguirre a la gubernatura y a Abarca a la alcaldía de Iguala. En serio, ¿nadie supo? ¿O más bien prefirieron hacer como que no sabían?
O quienes salen ahora a decir que sabían, en aquel entonces sólo “alertaron” por alguna conveniencia. ¿O por qué Díaz Bello entregó un expediente a AMLO y no a la Procuraduría? Entonces, sabían, pero no quisieron hacer el ruido que amerita un caso como éste. Todo se quedó en el aire y hoy, para curarse en salud, salen a decir “se los dije”, pero más bien debemos entenderlo como un “no quise hacer nada”. ¿O caso no valía la pena el escándalo en aquel entonces?
Incluso en redes sociales ha circulado una fotografía en la que se observa una pancarta en un mitin de AMLO en Iguala durante su campaña en 2012, que serviría para poner en aviso al entonces candidato del tipo de persona que era el talAbarca. Pero como no la vio, pues ahí estuvo. Y así como en la PGR, si a René Bejarano no le hicieron caso, pues también ahí quedó todo. Ah, pero hoy ya todos se señalan como responsables por lo que sabían y por lo que no quisieron saber.
Así como los partidos se acusan, así también valdría la pena que reconocieran que no realizan un trabajo serio en la investigación de sus candidatos. ¿O por qué sabríamos hoy, por ejemplo, que un personaje como Lázaro Mazón, sigue como favorito de Morena para ir por la candidatura de Guerrero, a pesar de sus nexos confesos con José Luis Abarca?
Iguala se destapó como una caja de Pandora. Cuánta cochinada ha salido. Y cuánto vicio político también. Porque si el PRI sale a decir que se investigue a todos, el PRD saca el historial del de enfrente y, así, una cadenita de reclamos que para lo único que habrán de servir será para terminar de hartar y desilusionar a la sociedad, y que todos aquellos que no tengan cola que les pisen, sean los que se pongan a trapear el piso y a limpiar a fondo esta casa que hoy está tan salpicada de merde (disculpe usted el francés, apreciable lector) a las cuatro esquinas. Que la tragedia de Ayotzinapa sirva para limpiar las cañerías de un sistema que no por haber transitado a la alternancia política se volvió más transparente y más eficaz en la rendición de cuentas. Que los demonios que han salido del caso de Iguala dejen al menos la urgencia de construir eso que tan pendiente ha quedado en la construcción institucional del México democrático: la de un verdadero Estado de derecho, en donde la impunidad, la complicidad y la simulación dejen de ser la regla de oro de todos los partidos políticos para competir por el poder, para conservarlo o para intentar arrebatarlo por vías que poco o nada tienen que ver con la democracia y sus instrumentos.
ADDENDUM: reveladora la cuenta de Twitter de José Luis Abarca (@AbarcaVelazquez), tiene apenas siete tuits, casi todos RT, curiosamente, de Lázaro Mazón, uno de Carlos Navarrete y lo último que posteó en su cuenta fue algo que ahora se ve muy desafortunado: la invitación a su segundo informe de gobierno, al que incluyó un “seguimos transformando Iguala”. Sigue a sólo 14 personas, todos personajes cercanos a… Andrés Manuel López Obrador. Así pues, AMLO no los mató, pero guardó mucho silencio y muy inexplicable sobre su follower: el hombre que sí que los mandó matar.
ME CUENTAN. Que ahora sí está enojado, enojadísimo. Que nunca le habían visto así desde que ocupó el despacho. Que si no hay resultados a la brevedad, habría una vacante que pasaría a ocupar Alfredo Castillo...



