Niños migrantes, víctimas de trata; centroamericanos sufren amenazas: ONG
Excelsior
TAPACHULA, Chis., 7 de julio.—La pesadilla del sueño americano para los niños centroamericanos que viajan solos rumbo a Estados Unidos inicia a escasos 39 kilómetros de la frontera entre Guatemala y México.
Al llegar a Tapachula hacen un alto para conseguir un poco de dinero y seguir su travesía rumbo al norte. Aquí es donde los menores de edad se convierten en víctimas de trata, ya que enganchadores los obligan a ejercer la prostitución bajo la amenaza de “echarles a la migra”.
Niñas y niños centroamericanos ejercen el sexoservicio por 200 o 300 pesos, y aparentan vender solamente dulces en el parque central Miguel Hidalgo, frente al Palacio Municipal.
Los menores reciben el nombre de canguritos porque llevan colgando a la altura del estómago un cajón con golosinas y cigarros.
Ramón Verdugo, coordinador del albergue Todo por Ellos, y Luis García Villagrán, director del Centro de Dignificación Humana, lamentaron que la localidad sea un paraíso sexual, donde los niños indocumentados, de acuerdo con la CNDH, corren grave riesgo.
Para los que siguen adelante, el viaje continúa por tierra a la cabecera municipal de Arriaga, Chiapas, donde el tren conocido como La Bestia los trasladará hasta los linderos con EU.
Tratantes atrapan a niños que migran para EU
El activista Luis García Villagrán advierte que Tapachula se ha convertido en un paraíso sexual.
Los niños migrantes en su paso por México se arriesgan a ser víctimas de la trata de personas.
La pesadilla del sueño americano para los niños centroamericanos que viajan solos rumbo a Estados Unidos inicia a 39 kilómetros de la frontera entre Guatemala y México, muy lejos de Estados Unidos.
Después de pagar 20 pesos o 10 quetzales, los menores no acompañados atraviesan el río Suchiate en balsas rudimentarias construidas con llantas y tablones, de Tecún Umán, departamento de San Marcos, Guatemala, a Ciudad Hidalgo, Chiapas, en donde las 24 horas del día cruza todo lo que uno se pueda imaginar, sin ninguna restricción.
Ya sea de aventón o pagando un transporte colectivo, los pequeños llegan a Tapachula, el segundo punto obligado por el que transitan los migrantes procedentes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua.
Al llegar a la ciudad, que hasta los años 90 era ejemplo de auge económico, los niños centroamericanos hacen un alto en el camino para conseguir un poco de dinero para poder seguir su travesía rumbo al norte.
Justamente aquí es donde los menores de edad se convierten en víctimas de trata, ya que enganchadores los obligan a ejercer la prostitución bajo la amenaza de “echarles a la Migra” para que sean encerrados y deportados a sus países de origen.
El hermano Ramón Verdugo, coordinador del Albergue Todo por Ellos, explicó que en Chiapas la explotación de los niños es un asunto de todos los días, porque al no poder evidenciar el delito con víctimas que tienen temor a denunciar, las autoridades cierran los ojos y tratan de actuar como si no pasara nada.
De esta forma, los pequeños se convierten en canguritos. Niñas y niños centroamericanos que ejercen el sexoservicio por 200 o 300 pesos, y que aparentan vender solamente dulces en el parque central Miguel Hidalgo, frente al Palacio Municipal.
Los menores reciben el nombre de canguritos porque llevan colgando a la altura del estómago un cajón de madera de color blanco donde llevan golosinas y cigarros.
Cristóbal, niño guatemalteco de 13 años, relata que los mismos compañeros “de jale”, le explicaron que cuando un carro se detiene y le llama es porque ya sabe que se está vendiendo y de cuánto es el pago.



