Y mientras tanto, más legalización del “otro lado”

6 Noviembre  2014

La elección del martes en Estados Unidos dejó un saldo catastrófico paraBarack Obama, una mayoría en la Cámara baja no le augura el mejor de los escenarios en la recta final de su presidencia. Pero más allá de eso, aunque también por lo arrojado en estas elecciones, el mapa de la legalización de la mariguana en territorio estadunidense creció. En cuatro estados: Washington, Oregon, Alaska y Florida, se votó una consulta al respecto. En el primero se despenalizó su portación hasta 56 gramos, además se pondrán cultivar hasta seis plantas en casa. En los siguientes dos se legalizó el consumo, posesión y venta, también en cantidades específicas. En los tres, las nuevas regulaciones sólo aplican para mayores de 21 años. En Florida, bueno, ahí se votó por un rotundo no.

Ya también son 23 de los 50 estados que componen a la llamada Unión Americana, donde el uso de la mariguana como herramienta medicinal es legal. Barack Obama se había mostrado muy dispuesto al debate, hace unos meses declaraba a una revista en Nueva York que la mariguana no era más peligrosa que el alcohol y el tabaco. A los argumentos que apoyan esta idea —que he expuesto en repetidas ocasiones en este espacio— se le suma también el hecho de que es un negocio sumamente rentable. En Estados Unidos, la venta legal del cannabis para uso médico superó los 150 mil millones de dólares en 2013. La lucha contra las drogas le cuesta al gobierno de Barack Obama poco más de 25 mil millones de dólares, eso en dinero; porque también hay un importantísimo costo político, porque los resultados de las campañas de prevención y control de adicciones no son tan significativos.

Hace unas semanas y a raíz de los hechos de Ayotzinapa, escribí en este espacio que la mariguana ha dejado de ser el oro del narcotráfico. Aunque el cultivo de la mota sigue siendo de altísimas proporciones en nuestro país, ahora es más bien el de la amapola el que está cambiando la oferta que los grandes cárteles tienen para con el mercado estadunidense. Ya no sólo les llevamos mariguana, ahora también es heroína, y mucha, a toda la costa este. Peor aún, ya no sólo son estas dos las que se pueden cultivar en nuestras tierras, ya por ahí —en Chiapas— se descubrieron los primeros brotes de hoja de coca. Uy, un negociazo, ¿para quién? Por supuesto, para los cárteles que han encontrado la forma de hacerla en grande.

Iguala nos descubrió toda la maraña de corrupción de la que están compuestos los organigramas de las organizaciones de los narcotraficantes. No es algo que no hayamos pensado antes, pero con esto hemos dimensionando mucho mejor, sobre todo a las autoridades, que lo que se ha hecho para “limpiar la casa” no ha servido para un carajo. Perdón, así de fuerte, así de cierto. Y así como también decimos que todo lo que México está viviendo es resultado de tantos años, de igual forma decimos —otra vez— que urge que las estrategias de combate al crimen ya no sólo sean con la llamada “guerra contra el narco”, sino también con la implementación de nuevas iniciativas. O por lo menos que no satanicen un debate necesario. ¿O nos debemos seguir quedando con los brazos cruzados contando muertos y buscando desaparecidos?

¿Qué tiene que ver la legalización de la mariguana en Estados Unidos con Iguala? Todo, allá están los mayores consumidores, aquí están los mayores productores. México va que vuela para lograr el primer lugar en cultivo de amapola, vaya honor (sic). La legalización de la mariguana ha ido abriendo el paso para el muy creciente negocio ilegal de la heroína y así podría seguirse esta espiral. Hace unos días, Cecilia Soto escribía también en este diario: “No hay gobierno que no se equivoque, pero hay pocos que rectifican con eficacia y rapidez. Este gobierno tiene todavía cuatro años que pueden y deben ser útiles para el país (...) si el Estado regula el cultivo e incentiva la producción de medicamentos basados en los alcaloides contenidos en la goma de opio y otras partes de la planta, dará una importante alternativa económica a los campesinos que se dedican a ello y los hará menos vulnerables a los traficantes...”.

Los programas de prevención, de control de adicciones, de rehabilitación; las estrategias contra el crimen, contra la corrupción, etcétera, se han quedado cortos. Ahí está Iguala como el más triste y terrible ejemplo. Pero ahí han estado también Michoacán, Morelos, Tamaulipas.

Ayer retomaba Luis Videgaray aquello que dijo justo cuando se dieron las desapariciones de los normalistas, la imagen que esto ha traído en el mundo sobre nuestro país. Y ¡ojo!, es que también la economía, así como lo hemos visto en el sector social, forma parte de esa espiral en la que México se encuentra y en donde convergen tantos temas que nos arrojan a una coyuntura como la actual.

En EU el debate por la legalización de las drogas avanza —y eso que sólo son consumidores— y nosotros de este lado de la frontera nos hacemos bolas con la corrupción y con la sangre. Se sigue temiendo al debate que nos lleven a nuevas estrategias a pesar de que seguimos girando en aquella terrible espiral. 

#MeCuentan. Que en la oficina de Lázaro Mazón están tan nerviosos que hasta contestan “¿Cuál Lázaro? ¿Cárdenas? Ése ya está muerto...”.