México, no por ahora…
23 Enero 2015
Más allá del desencanto y justificada tristeza que la noticia provocó en diversos ámbitos, en el sector oficial de manera notable, a no pocos resulta claro que la decisión del papa Francisco de posponer la visita a nuestro país que muchos personajes, igual del gobierno federal, encabezados por el propio presidente Peña Nieto, que de la jerarquía católica, dieron en algún momento por segura, respondió más a consideraciones diplomáticas y valoraciones de índole política que de orden estrictamente religioso y/o espiritual.
Lo anterior viene a cuenta porque, si bien había sido el propio sucesor de Pedro quien, el 7 de junio, aprovechó la visita del jefe del Ejecutivo al Vaticano para ofrecer a éste que pronto estaría en el país, y en dos ocasiones al menos garantizó al cardenal Norberto Rivera Carrera que, amén de otras plazas, su eventual visita incluiría a la capital —“para llegar al Tepeyac y postrarse ante Guadalupe…”— lo cierto es que ni la realidad política nacional ni, eventualmente, la inicial intención de que su visita incluyera una celebración en la frontera mexicano-estadunidense hacían aconsejable la misma pues, en ambos casos, se corría el riesgo —“no despreciable, ciertamente”— de incurrir en actos de descortesía hacia sus respectivos gobiernos…
Porque, a la vista la personalidad y manera de enfrentar los problemas del Pontífice reinante, ¿es creíble pensar que, en México, podría haber soslayado la grave situación de inseguridad y violencia, de ingobernabilidad en algunas entidades o las manifestaciones de la “crisis económica prolongada” que mantiene en la pobreza a poco más de 50% de la población? O, ¿alguien puede imaginarse al papa Francisco en alguna plaza de la frontera norte, dejando de lado uno de sus temas recurrentes, como es la migración? Aceptémoslo, el riesgo de incurrir en una “descortesía” no era menor…
Ello, más la explícita imposibilidad de hacer de México “una simple escala (camino a Estados Unidos) y no un destino específico”, y la intención papal de no alejarse de San Pedro por periodos mayores a una semana, acabaron forzando al otrora cardenal Bergoglio a dejar para otro momento la aceptación de las múltiples invitaciones recibidas para visitar México y, en contraste, a apostar por el logro del mejor resultado posible en la visita que le llevará a Filadelfia, para clausurar los trabajos de la Jornada Mundial de las Familias; a Nueva York para hablar ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), y a Washington para, amén de reunirse con el presidente Barack Obama, aprovechar la ocasión y, en el Santuario Nacional a la Virgen, canonizar a fray Junípero Serra, el misionero que igual evangelizó buena parte de México que de la ahora Unión Americana.
El asunto entonces, de acuerdo a los especialistas, volverá a ser valorado de cara a la composición de la agenda 2016 —en que de antemano existen ya proyectos para visitar Uruguay, Chile y su natal Argentina, así como Cracovia para encabezar los trabajos de la Jornada Mundial de la Juventud—… o cuando se hable de la correspondiente a 2017.
Veámonos el domingo, con otro comentario De naturaleza política.



