McClon

6 AGOSTO 2013


Desde hace unos meses, un par de años tal vez, Mark Post se presentaba en distintos eventos —todos del ámbito científico— para hablar de lo que preparaba en su laboratorio. Con el antecedente de la comida que se desarrolla para el consumo de los astronautas cuando éstos se encuentran en misión,Post comenzó a trabajar en su idea: producir carne artificial a partir de células madre de ganado.

La polémica comenzó desde el anuncio. Claro, con otro antecedente como el del maíz transgénico, nada fácil sería para al investigador de origen holandés sustentar su trabajo y, sobre todo, pasar la crítica lo menos raspado posible. Nada lo detuvo y al paso de los meses en donde se presentaba hablaba de los avances de su proyecto. Por supuesto que quienes lo escucharon se quedaban con las ganas de siquiera ver en físico aquello de lo que les hablaba.

Ayer, finalmente, se presentaba en Londres el resultado de meses de trabajo de Post y su equipo; se había planeado hacer la presentación en octubre pasado. Con casi un año de retraso, mostró una hamburguesa preparada con la primera pieza de carne producida enteramente en un laboratorio, dentro de una caja de Petri. En la conferencia de prensa, mostraron este primer resultado: una carne de tono claro, no rojiza como lo es una pieza real, y con un sabor que tampoco está tan cercano, pero sin duda es un paso gigantesco a lo donde esperan llegar.

Las premisas que motivaron este experimento que, como tal, es perfectible —trabajarán ahora con la cantidad de grasa que deberá contener para así mejorar su sabor—, giran alrededor de la crisis alimentaria. Para 2050, según estimaciones que el mismo Post refiere, la demanda en el consumo de carne aumentará en 50%, y de seguir atados a los procesos tradicionales de producción, esto significaría poca oferta y, en consecuencia, precios altos.

Claro que el trabajo de Post no representa la solución a este problema, que no sólo existe en materia de carne, sino de alimentos en general, pero de poder concretarse como lo espera el equipo que trabaja en este proyecto, sería una alternativa más a las que ya hay. Recordemos que también la ONU expuso hace muy poco que la ingesta de insectos —por sus propiedades nutricionales y lo fácil que sería su producción— podría ser una alternativa para contrarrestar la crisis alimentaria que ya se vive en algunas partes del mundo. También se le suma a la lista de sustentos, que la misma producción ganadera es responsable de 20% de las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque Post no tiene aún un pronóstico del efecto que tendría la producción de carne de laboratorio.

Evidentemente lo presentado ayer no fue un resultado final y aunque así hubiera sido, el siguiente paso es el de mejorar la técnica de producción. Tan sólo la producción de la pieza presentada ayer costó 250 mil euros, más de 330 mil dólares, que fueron aportados por Sergey Brin, uno de los fundadores de Google. Nada barato, por lo que de lograr una carne con sabor y color semejante a la real, el nuevo gran dilema será hacer de su producción un proceso menos costoso, aunque claro, el camino se va andando. ¿Estaríamos listos para el consumo de este tipo de productos? El tiempo y las necesidades lo dirán.