Demonios Rojo y Azul
8 Abril 2016
Demonios Rojo y Azul
De línea a línea/Martín Sánchez Treviño
Dicen el adagio campirano, que entre
mula y mula nomás las patas se oyen. Y eso es lo parece suceder en el terreno
electoral, pero sobre todo en el piso de los que buscan un cargo de elección popular,
ya sea de alcalde, legislador y el hueso grande de gobernador.
En menos de 10 días del periodo
electoral, los dos contendientes, porque los demás parecen una comparsa más de
un carnal alegórico. Los dos contendientes, están en lo suyo.
Sus manager estuvieron ayer en esta
entidad. El azul grito con fuerza desde el faro del puerto jaibo tamaulipeco
las limitaciones de la inseguridad, revivió las muertes y los secuestros.
Resucito los a los de ultratumba de los últimos 8 años en esta entidad. Puso en
dedo en la llaga de los electores tamaulipecos. Como un picador de “toros de lidia”, penetró las células, las
fibra del terror y lo transportó al territorio electoral.
Con la magia de la palabra, el
manager azul, despertó el rencor acumulado de los dolientes, de las víctimas
del delito, de las presas del dolor, de los olvidados, de los marginados de los
expoliados de la historia. Sí, de los son solo un expediente y algunos ni eso.
La muerte y el dolor son la
inspiración de los azules, de lo que están hartos los dolientes que han llorado
sus parientes secuestrados en la última década. Nauseas les provoca revivir sus
historias, que han contado a todos, pero ni por eso han encontrado una pisca
sobre el pellejo de sus parientes.
Desde la gran capital, que de grande sólo
tiene a su gente y al poder político. El manager tricolor, se resiste a subirse
al ring, con poses de técnico le saca la vuelta al cuadrilátero. Huye de la
farándula, recurre al juego de piernas. Sabe que su territorio está minado. Se
aleja de su adversario, espera el reloj, busca en el firmamento el pronóstico
del tiempo, que no llega. Su aspectro es de desesperado aunque le grita a su
rival que esta derrotado.
Hace arengas de subir al cuadrilátero, pero sigue ahí, presa del temor.
Sabe que su territorio está minado, llegar al del adversario es complicado.
Prefiere gritar enloquecido, aplica el juego de piernas aunque estas, ya no le
dan. Conoce a su rival, reconoce su juventud. El lo engendró, les enseño el
camino, los trucos, las llaves del triunfo y la derrota.
Los hermana la complicidad, comen en el mismo plato, se embriagan en los
mismos tugurios, danzan con las mismas bailarinas. Las edecanes de azul son las
bastoneras de rojo. Sus pleitos son irrisorios, parecen remontarse a los circos
de la época romana.
No cruzan sus territorios, apenas chocan las espadas que lanzan chispas
y el auditorio se alza, disfruta de la farsa a la que se acostumbró porque el
combate es sin límite de tiempo. Es de décadas, pero no han llegado al siglo.
El pleito y la gritonería parecen su esencia. Simulan sudar. Gesticulan
heridas. Gritan como enrabiados, Se carcajean como diablos verdaderos. Pero
saben que es juego. Aunque los aficionados se trenzaron como arañas, pelearon
como los rudos.
Sus seguidores quieren más. Porque
el circo y la farándula los hicieron olvidar el olor y el dolor de la sangre.
El reclamo de sus víctimas. El secuestro del jefe de la familia, de la maestra
de la escuela. El chofer de la empresa.
Del auditorio salieron adrenalina
arriba, pero en su vivienda encontraron los vestigios de una vida insegura, que
obligó al patrón cerrar la empresa, echar candado al rancho, vender la
concesión para pagar la deuda. Hasta entonces recordó que no tenía para los
frijoles de mañana, ni para pagar el micro de su hijo. La letra del funeral de
su marido vence mañana y no tiene ni que agarrar. Se frota las manos, ve al
firmamento y espera que los demonios
rojo y azul le regresen el empleo al amanecer.



