Federalismo a la Peter Pan


29 Febrero 2016

Desde hace mucho tiempo vengo criticando el tipo de federalismo que tenemos en México. Muchos amables lectores piensan, por tanto, que soy un centralista. Por el contrario: estoy a favor del modelo federal de organización política. Creo que los gobiernos funcionan mejor entre más cerca estén de la población. Más en un país tan extenso como el nuestro. No obstante, también pienso que, a lo largo de los años, hemos construido un federalismo disfuncional donde gobernadores y presidentes municipales se comportan como niños que no quieren crecer.

El problema de fondo es que los gobiernos locales no cobran impuestos. Durante el sexenio de López Portillo, en los años setenta del siglo pasado, se sustituyeron los tributos locales por el Impuesto al Valor Agregado. El IVA ahora lo cobraría la Federación que le distribuiría recursos a los estados con una fórmula preestablecida. A esta repartición luego le agregarían otros ingresos públicos, siempre con la idea de que el dinero cayera a una bolsa central y se compartiera a los gobiernos locales.

De esta forma, llegamos a la situación actual donde prácticamente las entidades federativas y los municipios no cobran impuestos. Algunos estados recaudan algo de impuestos a las nóminas; algunos municipios, del predial. Pero la gran parte de las finanzas locales proviene de las participaciones que distribuye la Federación.

Los gobiernos estatales y municipales han venido recibiendo cada vez más dinero a partir del sexenio del presidente Fox. Como los gobiernos federales no tenían mayoría en el Congreso, intercambiaron votos en el Legislativo por mayores bolsas a los estados y municipios. Calderón y Peña siguieron con esta práctica gracias a los altos precios del petróleo. A eso súmese la voracidad de algunos gobernadores y presidentes municipales que, además, endeudaron a sus poblaciones de manera desproporcionada con el aval de la Federación. Maravillosa, entonces, la situación para los gobiernos locales: enormes cantidades de dinero sin cobrar un solo quinto de impuestos.

Llegamos al punto, incluso, que hasta dejaron de cobrar los pocos impuestos que recaudaban. Para ganar, muchos candidatos a gobernador prometieron eliminar la tenencia a los automóviles durante sus campañas. Cumplieron. Por eso, hoy, en muchas entidades no se cobra la tenencia, lo cual ha generado, por ejemplo, que cada vez más automóviles de la Ciudad de México, sobre todo de lujo, tengan placas del estado vecino de Morelos donde no pagan dicho impuesto.

Nuestro federalismo es de gobernadores y alcaldes que no tienen que realizar esfuerzo fiscal alguno para obtener recursos. Son como niños ricos mimados que reciben enormes cantidades de dinero de un papá federal que los apapacha a cambio de votos en el Poder Legislativo.

Y se lo gastan como se les pega la gana. No le rinden cuentas a nadie. Con las enormes sumas que manejan, tienen la capacidad de comprar mayorías en sus congresos. Los diputados locales, cuando llega el momento, autorizan las cuentas públicas sin chistar. Además, la gran mayoría de la prensa local sobrevive de la publicidad gubernamental por lo que no tienen incentivos para hacer reportajes de cómo están gastando sus gobernantes.

¿Queremos gobiernos estatales y municipales responsables? La solución sería descentralizar el cobro de impuestos a los estados y municipios. Eso sí nos convertiría en un país auténticamente federalista. Los contribuyentes en cada entidad comenzarían a responsabilizar a los gobernantes locales de sus resultados y tendrían incentivos para fiscalizar el destino de sus impuestos.

Incluso la política fiscal se convertiría en instrumento de competencia entre estados como ocurre en federaciones que funcionan. En Estados Unidos, por ejemplo, cuando una entidad quiere atraer empresas a su territorio, disminuye sus tasas de tributación por debajo de otras. En México, Oaxaca podría lograr un mayor desarrollo económico cobrando menos impuestos que Nuevo León.

Desafortunadamente toda esta discusión es teórica porque los gobiernos de estados y municipios no van a dar un paso en esa dirección. Primero se cortan las venas antes de hacerse responsables de cobrar impuestos. Ya se acostumbraron a ser como Peter Pan: niños que no quieren crecer. ¿Para qué si se la pueden pasar a todo dar como infantes ricos mimados por la Federación?

 

                Twitter: @leozuckermann



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