Las muchas Sicilias que tenemos en México
9 Octubre 2014
El sociólogo Charles Tilly dice que el Estado tiene cuatro funciones principales:
1. Hacer la guerra para eliminar o neutralizar a posibles competidores, es decir, otros Estados que quieran apoderarse del territorio nacional.
2. Eliminar o neutralizar a posibles rivales que se encuentran dentro de su territorio; por ejemplo grupos subversivos que aspiran a tomar el control del Estado.
3. Proteger a la población eliminando o neutralizando a sus enemigos.
4. Extraer tributos para tener los medios para llevar a cabo las tres primeras tareas coercitivas.
En el caso de México, la primera tarea del Estado fue fundamental durante el siglo XIX. Hubo varias invasiones de otros Estados que trataron de apoderarse del territorio nacional. El Estado mexicano logró retener la mitad de éste. Ya en el siglo XXI no parece existir una amenaza externa para el Estado mexicano aunque, en cuanto a la segunda función mencionada por Tilly, éste todavía combate pequeñas guerrillas.
Por lo que se refiere a la cuarta función, con muchos problemas, y malos estándares internacionales, el Estado mexicano hoy tiene una estructura tributaria que le permite llevar a cabo las otras tres funciones coercitivas. Donde está el problema para el Estado mexicano es en la tercera función: no protege eficazmente a su población. No neutraliza ni elimina a los enemigos de la sociedad. En este sentido, la principal amenaza a la viabilidad del Estado mexicano se encuentra en la competencia y colusión que existe con las mafias del crimen organizado.
La interacción ciudadana demanda a un árbitro que minimice los costos de transacción. Si no existe un Estado que arbitre, los mafiosos son los que toman este papel. En el caso de la lejana isla de Sicilia, las autoridades del Estado italiano no llegaron por mucho tiempo lo cual obligó a la sociedad a “contratar” a los mafiosos para proveer seguridad y certidumbre en sus transacciones cotidianas. En este sentido, Diego Gambetta (La mafia siciliana. El negocio de la protección privada) explica que las mafias son un competidor nato del Estado.
Ahora bien, el asunto es diferente cuando se trata de actividades ilegales. Aquí, por definición, el Estado no puede ni proteger ni regular actividades que están prohibidas por ley. La mafia, entonces, es la que se encarga de estas tareas. De esta forma, en los mercados ilegales, los mafiosos sustituyen al Estado.
En México tenemos muchas Sicilias. Municipios aislados, sobre todo en zonas serranas, donde el Estado no llega y cuyo papel, siguiendo aGambetta, es sustituido por las mafias. Es el caso de muchos poblados en Michoacán y Guerrero. Ante esta situación, el Estado no tiene otra alternativa más que enviar, en el corto plazo, al Ejército. Pero el reto para estas comunidades es construir las instituciones que efectivamente provean protección a su población. Porque sería un error, y hasta un fracaso, dejar al Ejército en estos territorios de manera indefinida.
En cualquier caso, este fenómeno es asilado en ciertas poblaciones. En la mayoría del territorio nacional todavía no llegamos al punto de que, a falta de Estado, la sociedad recurra a los grupos mafiosos para comprar protección y certidumbre en las transacciones cotidianas.
Twitter: @leozuckermann



