La reforma educativa. Y ahora ¿quién podrá defendernos?
22 Junio 2015
Zona Zero/ Hervey TORRES FONSECA
En un sexenio en el que
las reformas estructurales, son la punta de lanza del tan vociferado "cambio"
para nuestro país, la educativa, debería ser la más importante de todas, por todo
lo que de ella depende.
Se ha dicho hasta el
hartazgo que de educativa, tiene muy poco y que en realidad, deberían llamarla "reforma
laboral del magisterio". Parece que
al gobierno federal, sólo le importa la cantidad y no la calidad con la que se
educa en este país. Aberraciones como el acuerdo 696, (mediante el cual, los
alumnos ya no pueden ser dados de baja ni perder calificaciones por inasistencias,
o que los faculta a dejar de asistir a aquellas clases en las que llevan buen
promedio y acudir sólo a las que tienen el riesgo de repobrar) nos deja una
clara perspectiva de que los ideólogos de esta nueva legislación, desconocen
total y absolutamente la realidad qe se vive
en los salones de clase de nuestro país.
Se habla de que los
recursos ya fluyen directamente a las
escuelas. Habría que invitar a cualquiera de nuestros legisladores, a que de
manera personal, acudan a cualquiera de las escuelas llamadas "de gobierno",
para que constaten lo alejado de la realidad que están sus afirmaciones. Existen
millones de escuelas en México, en las que ni siquiera hay bancos para los
alumnos. Olvídense de que existan abanicos, pizarrones en buenas condiciones, y
ni hablar de aire acondicionado en lugares donde la temperatura llega a los 40
grados y ni siquiera hay electricidad.
Es evidente que existen, (como
en cualquier ámbito laboral) maestros cuya capacidad y compromiso es mayor a la
de otros, pero sería necesario establecer y hacer conciencia al resto de la
sociedad, que la tarea que realiza la mayoría de los profesores de este país, es
digna de reconocimiento. Tratar de educar y cambiar la mentalidad a miles de
niños y jóvenes en condiciones de extrema pobreza y que crecen en el seno de
familias disfuncionales, es sin duda, una labor titánica.
Habría que hacerle entender
por ejemplo, a Claudio X. González, a los integrantes de su flamante
"Mexicanos primero", a todos
los que piensan que los profesores en este país, son holgazanes , que son
cobardes porque no se quieren someter a un examen y que aseguran que la CNTE y
el SNTE forman una especie de cártel, que la situación es completamente
distinta. Que el hecho de haber estudiado en la Fletcher School of Law and
Diplomacy, en Medford, Ma, no te da derecho
a llamar "criminal", a alguien que se opone a una reforma, que en lugar
de beneficios, tiene aparejada muchos perjuicios. La escuela mexicana no tiene
la infraestructura necesaria para crear un entorno totalmente positivo, los
maestros mexicanos no cuentan con el material ni la tecnología para formar
ciudadanos acorde a las necesidades del siglo XXI, ni todas las familias
mexicanas y la sociedad en general, están completamente comprometidas para
asumir su parte de responsabilidad en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Por ahí deberíamos empezar,
más allá de estigmatizar a los maestros que se oponen a la reforma, habría que
analizar a fondo si realmente, existen en este país condiciones para competir
contra Finlandia, Alemania, o casi con cualquier otro de los países miembros de
la OCDE, cuyos resultados en las evaluaciones internacionales, nos superan de
manera estrepitosa. Antes de evaluar y condicionar permanencias, deberíamos
preocuparnos por generar condiciones adecuadas para que los profesores, puedan
cumplir de la mejor forma posible con su cometido, y entender que la realidad
socio cultural de México, es diametralmente opuesta a la de Francia o Nueva
Zelanda, por lo que pretender utilizar instrumentos de evaluación universal,
resulta prácticamente inútil y comparar nuestros resultados con los de los países
de primer mundo, mucho más.
Es evidente que necesitamos
una reforma, pero una auténtica reforma educativa que mejore contenidos, que capacite
a profesores, que mejore planteles, que invierta en programas para que la
comunidad se involucre en el proceso educativo, que mejore salarios y que a la
usanza de José Vasconcelos, muestre que la educación y las letras, deben llegar
al pueblo para liberarlo del yugo de la ignorancia, y no únicamente para llenar
estadísticas que sirvan para justificar salarios de funcionarios incapaces que disfrazados
de educadores, creen que dar clases en nuestro país, implica entrar a un salón
climatizado, con 20 niños bien peinados y pulcramente ataviados en sus
uniformes, con un proyector conectado a una laptop, dotada de Internet de la
mayor velocidad, y con unos padres de familia, siempre pendientes de las tareas
escolares de sus hijos. . Eso es lo que realmente necesita México. Confío en que
algún día se logre, y espero estar ahí
para poder opinar al respecto.



