La migración electoral
22 Abril 2016
La migración electoral
De línea a línea/Martín Sánchez Treviño
La competencia cerrada del mundo electoral no es propio
de Tamaulipas, en Estados Unidos también es competido el proceso federal. Con
la diferencia de que en ese país las estrategias son evidentes para que los
grupos hegemónicos conserven el poder. Un distintivo es que en el lado
norteamericano, los votos se compran con programas que legitiman la estancia
legal de los migrantes, sobre todo mexicanos. Y en este lado de la frontera las
dádivas son en especie.
Tenemos así que durante el posicionamiento de Donald
Trump en las últimas semanas en el electorado norteamericano, ha surgido un
proyecto de empadronamiento educativo de los votantes localizados en el
suroeste de ese país, donde potencialmente se ubican más de 8 millones de México-americanos,
mismos que no están registrados.
Y que potencialmente podrían participar en las elecciones
de finales del 2016, con los cuales se pretende movilizar a ciudadanos de
origen mexicano y frenar el virtual avance de Trump.
Los promotores de esa campaña denominada duro contra el
muro entre los que figura Antonio González -que por cierto no es el obispo de
Victoria-, los medios norteamericanos no descartan que se trata de crear un frente
político contra las políticas antimigrantes, propias de ese país, donde el tema
migratorio está permanentemente en la mesa de debates sobre la reforma
migratoria.
De prosperar la iniciativa de González, se cree en teoría
que representa 8 millones de votos para la aspirante Hillary Clinton, quien
resultaría más tolerante de parte de los México-Americanos que no dejan de
sorprenderse por la posturas antimigrantes de Trump. Que en su momento también
fueron migrantes en ese país.
Lo que no reconoce ese proyecto es la fobia que hay en
ese país de los México-Americanos, hacia los mexicanos que permanecen en esa
nación. Que en el fondo es solo un complejo. Porque quizá piensan que les
arrebatarían el pedazo de “sueño americano.
Un fenómeno parecido es el que promueve el expriísta José
Carmona Flores, quien aseguro la semana anterior, que su cuota de votos para el
partido azul en esta entidad supera las 140 mil intenciones de voto y estos son
provenientes de migrantes mexicanos que residen en el valle de Texas, además de
entidades gringas como Chicago, Atlanta y Florida.
Aunque pareciera descabellada la idea de Carmona, merece
la atención. Sobre todo porque una cantidad importante de esos electores
tamaulipecos, son aquellos denominados “migrantes dorados”, que abandonaron sus
empresas y hallaron su paraíso en estados como Texas.
Y que salieron aterrorizados de esta entidad, ante el
temor de ser víctimas de la extorsión, el crimen y la violencia. Y aunque de
estos hay que reconocer que no todos son de filiación panistas, como lo asegura
el fundador del Instituto Tamaulipeco
para los Migrantes y que por cierto fue el titular de la secretaria de
migrantes en el Cen del tricolor, quien llego a esa cartera recomendado por
Ramiro Ramos Salinas, pero ese es otro asunto.
Lo que destaca hoy es la importancia de los migrantes en
tiempos electorales, ya que recientemente fueron desdeñados por las
instituciones que en estas épocas los necesitan, por el plus que representan en
una contienda cerrada.
Basta recordar las expresiones de un alcalde fronterizo tamaulipeco que reclamaba más recursos, porque la afluencia migratoria disparaba el gasto en servicios en las ciudades fronterizas, pero que visto desde la perspectiva migratorio-electoral, debería ser una inversión. Como lo promueve Antonio González en Estados Unidos.



