La constitución


El Filosofo de Guemez
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Me encanta el poema de CARLOS PELLICER cuando dice: “La Patria necesita aquellos hombres, que le hagan ver la tarde sin tristeza. Hay tanto y lo que hay es para pocos, se olvida que la Patria es para todos. Si el genio y la belleza entre nosotros fue tanto y natural, que el recuerdo del hombre de otros días, nos comprometa para ser mejores. La Pat
ria debe de ser nuestra alegría y no nuestra vergüenza por culpa de nosotros. Es difícil ser buenos. Hay que ser héroes de nosotros mismos”.
Hoy, en el XCVII aniversario de la promulgación de nuestra Constitución de 1917, la Patria requiere políticos, empresarios, intelectuales, amas de casa, trabajadores y periodistas… “Que seamos héroes de nosotros mismos”, para lograr edificar una nación reconciliada… ¡Que sea nuestra alegría!.
En base al decreto de convocatoria del 19 de septiembre de 1916, lanzada por VENUSTIANO CARRANZA, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Encargado del Poder Ejecutivo de los Estados Unidos Mexicanos, se reunió el Congreso Constituyente, en el Teatro de la República de Querétaro.
Desde el 1 de diciembre de 1916, hasta el 31 de enero de 1917, 218 legisladores, –militares, campesinos, obreros, médicos, abogados, mineros, periodistas, maestros, ingenieros, etc.– representantes de mujeres y hombres de los distintos grupos armados, que fueron a la revolución, en la búsqueda de una Patria mejor, integraron el Congreso Constituyente. 
Durante dos meses colocaron por encima de las prebendas y de los haberes de su grupo, los intereses superiores de la nación, tuvieron la sensibilidad de construir la primera Constitución social del Siglo XX.
Ellos, de una estirpe superior, fueron más allá de limitar su labor a reformar y reestructurar políticamente la Constitución de 1857, sabían que miles de mexicanos no habían ido al movimiento armado a luchar, y más de un millón a morir, –en una de las últimas revoluciones que se hicieron a caballo– para que ellos elaboraran tímidas reformas, con mucho barniz y poca raíz.
El Constituyente revolucionario de 1917, supo interpretar a cabalidad el sentir popular, no postergando los reclamos de justicia de campesinos y obreros; los deseos de una educación gratuita, laica, popular y democrática; acabar con la figura de jefe político, que tanto dañó al municipio mexicano, y rompiendo con los moldes del derecho constitucional de la época, establecieron armónicamente, en una misma Carta Magna, Garantías Individuales y Sociales. 
Lo sorprendente es que este puñado de patriotas, la mayoría revolucionarios improvisados de legisladores, que en una absoluta libertad parlamentaria y con un profundo sentido de Patria, supieron dar un giro de 180º al movimiento armado, para poner las armas a favor de la Ley Suprema, para la construcción de instituciones al servicio de la Patria, convirtiendo a la Carta Magna, en el mejor llamado a la reconciliación de todos los grupos revolucionarios.
Para JOSE ORTEGA y GASSET “Una revolución es propiamente un cambio de la sensibilidad vital; una revolución no es una barricada, sino un nuevo estado de ánimo, significa nuevas instituciones, nuevas costumbres, nueva ideología”.
Este viejo Filósofo homenajea a quienes debatieron y sancionaron en 1917, con visión de gran calado, la agudeza de crear, a través del superior espíritu de la Constitución, la ley que concierta y a todos concuerda. 
Bueno sería que en plena transición democrática, en el siglo XXI, nuestros políticos abrevando del ejemplo de los Constituyentes, encontraran la fórmula adecuada para, anteponiendo sus intereses de partido o de grupo, velen por el supremo interés de la nación, conduciéndonos a la apremiante y necesaria reconciliación nacional... Que a todos beneficia.
Si hablamos de la Revolución hecha Constitución, es referente obligado el sentido del humor de ALVARO OBREGON, “quien sufrió más de 25 intentos de asesinato, padeció dos infartos y solía decir: 
? No cabe duda que la mala suerte existe, sólo que Dios la desparrama entre los pend.... 
Resulta que el General OBREGON mandaba a sus generales a las batallas, con una estrategia envidiable que jamás fallaba, pero en un combate uno de sus generales, se precipitó y atacó como no estaba previsto –antes de tiempo–, aunque el problema no pasó a mayores, cuando vinieron los de su equipo de inteligencia a informarle, éste al enterarse de la pifia, se limitó a decir:
? ‘No cabe duda, no hay peor cosa que un pend... con iniciativa’”.1.
1Por: jefe.bust@otmail.com https://es-es.facebook.com/notes/huatabampo-mx/ingenio-y-dichos-de-alvaro-obregon-/214188391933217 
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