#JusticiaParaRubén

4 Agosto 2015

Ninguna democracia puede llamarse tal si no es capaz de garantizar el ejercicio periodístico con total libertad. A lo largo de la historia, muchos han sido los casos que nos han permitido observar cómo el periodismo ha tenido que enfrentarse con aquellos a los que evidencia. México es hoy uno de los países en los que esta profesión ve más violentados sus derechos. Ciento dos periodistas asesinados en los últimos 14 años, según la Fiscalía Especial para Delitos contra la Libertad de Expresión de la PGR, según lo anotaba ayerCarlos Marín en su columna en Milenio.

Este fin de semana, un múltiple asesinato se registró en la colonia Narvarte. Un joven y cuatro mujeres. Sabemos que él respondía al nombre de Rubén Espinosa, se desempeñaba como fotorreportero en publicaciones comoProceso y Cuartoscuro. Junto al suyo, se encontraron otros cuatro cuerpos, estos de mujeres que presentaban las mismas huellas de violencia y, al igual que Rubén, el tiro de gracia. Dos de las tres chicas, también presentaban indicios de abuso sexual. Todos estaban atados de pies y manos.

En semanas previas se documentó la llegada de Espinosa al DF: declaró haber sido amenazado por el gobierno de Veracruz. En las horas que le siguieron al anuncio de su muerte, comenzaron a circular con más fuerzas aquellos dichos de Espinosa: “No me dejan entrar a los eventos oficiales. En una ocasión cuando fue lo de los 35 cuerpos que encontraron en el Monumento a los Voladores de Papantla en Boca del Río, el, entonces, procurador Reynaldo Escobar Pérez iba a dar una conferencia. Entonces, me dice una persona encargada de prensa, Edwin, no recuerdo su apellido, que yo qué hacía ahí, que yo no tenía nada que hacer y que estaba estorbando. Entonces, de ahí comenzaron a tomarme fotos por parte de la gente de gobierno del estado...”, dijo el fotoperiodista en una entrevista para un portal noticioso.

Rubén Espinosa hoy está muerto. Se convierte así en parte de esa lamentable estadística que cuenta a los profesionales del periodismo cuya muerte se convierte, también, en noticia. En Veracruz han sido asesinados 15 periodistas durante el gobierno de Javier Duarte. En todos dice ordenar una gran investigación para aclarar estas muertes. Ningún caso ha sido resuelto hasta ahora. Los periodistas muertos siguen apareciendo, las preguntas siguen generándose, la inseguridad en su estado no cambia de estatus. Apenas un día antes de que fuera encontrado el cuerpo de Espinosa, el gobernador dirigió unas palabras a los periodistas, reporteros y fotógrafos presentes en un acto público: “Se lo digo a ustedes, por su familia, pero también por la mía, porque si algo les pasa a ustedes a mí me crucifican todos (sic). Pórtense bien, todos sabemos quiénes andan en malos pasos, dicen que en Veracruz sólo no se sabe lo que todavía no se nos ocurre. Todos sabemos quiénes, de alguna u otra manera, tienen vinculación con estos grupos… todos sabemos quiénes tienen vínculos y quiénes están metidos con el hampa. ¡Pórtense bien, por favor!, se los suplico. Vienen tiempos difíciles...”. Palabras de Duarte que erizan la piel de cualquiera. Ayer mismo, el gobernador le pedía a la PGJDF encabezada por el procurador Rodolfo Ríos, una exhaustiva investigación en el caso Espinosa, mismo rigor que le pediríamos a la Procuraduría veracruzana para esclarecer todos los crímenes que contra colegas se han cometido en aquel estado en los últimos años. Todo el gremio periodístico esperamos que Miguel Ángel Mancera y todo su equipo, encabezado por el procurador Ríos, no realicen una investigación con tintes políticos, sino que logren esclarecer, a cabalidad, el asesinato deRubén Espinosa, esa herida por la que hoy sangra la libertad del periodismo mexicano. Poner a salvo a las personas que ejercen y defienden la libertad de prensa, y traer justicia para quienes han sido castigados por así hacerlo, será muestra del mayor compromiso con  los derechos humanos y con ese ejercicio tan necesario para la sana vida democrática del país: la libertad de prensa.

Excelsior