Irreverencia ciudadana y fin de las democracias

15 Noviembre 2016


Campanario/ Martín Sánchez Treviño

            Los sistemas modernos sobre la medición en torno al comportamiento de las masas en relación con el ejercicio de la voluntad de las personas, están desquiciados, porque las confesiones o declaraciones de los ciudadanos han arrojado en los últimos años resultados contrarios a los que las empresas poseedoras de las verdades relativas, han fracasado en sus servicios para interpretar la voluntad de los ciudadanos en decisiones fundamentales, que tienen que ver con la vida social, política, cultural y económica.

            Y el comportamiento de los ciudadanos no limita a un color, una lengua, una cultura o una nación. Sino más bien parece un comportamiento espontaneo. En el que lo que importa es un aparente individualismo que desconcierta y rompe con los paradigmas de quienes se creen dueños de las decisiones de los pueblos, ciudades y reinos del universo.

            La última elección en una de las principales potencia del mundo moderno, es una muestra más de los que es capaz la decisión de las masas, que licenciosamente adopta un comportamiento extraño para sus estudiosos y controvertido para quienes ejercen el poder con prototipos conservadores, tradicionales y arcaicos.

            Lo que también está en crisis no es solamente la mercadotecnia de los oferentes que buscan conquistar el poder, sin miramientos hacia el valor de las personas, sino por encima de estas y utilizando la dignidad de estas para posicionarse en el mercado de las decisiones.

            Asimismo los métodos de coacción están rebasados porque los paradigmas ocultos de cada persona son solo una apariencia de que corresponden a los estímulos, de quienes dirigen los instrumentos de poder y en contra de quien, en definitiva está el segmento mayor de las sociedades modernas.

                Lo que en definitiva se desprende es que la sociedades modernas están inconformes con cualquier tipo de gobierno sea de derecha, izquierda, centro izquierda, ultraderecha, socialdemócrata, tercera vía, socialista, comunista, capitalista o cualquiera que sea la denominación. Y están en contra de todo lo que huela a institución.

            Por lo mismo, los gobiernos de los países, así como los antropólogos y los que tengan relación con el estudio del hombre, tendrán que reorientar sus estudios científicos y filosóficos. Regresar a ver al hombre como un sujeto y agente de la historia y en la historia y desde la historicidad del ser.

            Ante todo porque el comportamiento de los ciudadanos en los últimos dos años no responde a las expectativas de quienes han buscado manipular el ejercicio de la voluntad. Y más que hartazgo, las personas dan una muestra de la relatividad de los contenidos con los que quieren ser dominados.

            Por lo mismo se advierte una emancipación del ser y las sociedades modernas, porque no se trata de un individualismo aislado del interés social sino más bien de una simbiosis de la individualidad del ser que se manifiesta como colectividad, inconforme con los mecanismos de un sistema que busca prolongar la dominación de las masas, la esclavitud de las conciencias y la cancelación de las libertades.

            Y lo que siguen ignorando quienes buscan el control de las masas, es que las sociedades modernas viven en una era apocalíptica, desde la literatura que leen, las filmes que disfrutan en todas las pantallas, sus diálogos y la forma de vida. Y han perdido el miedo, sobre todo el “miedo prieto”, que por décadas y siglos camino de la mano de una moral dominadora y no de libertad.