Internet y su “periodismo” (el eco de Eco)
1 Abril 2015
Imaginemos que esta noche nos vamos a dormir con la tranquilidad que nos da saber sobre nuestros actos y el alcance de ellos. Todos, irremediablemente, somos conscientes de nuestro actuar dentro de la sociedad, todos sabemos cuáles son nuestras flaquezas y fortalezas. Pero de igual forma, tampoco podemos librarnos del actuar del otro. Imaginemos pues, que mañana nuestra vida se sacude porque somos acusados por rumores, por sospechas de haber cometido actos que nos colocan bajo un duro escrutinio público. Actos que nos condenan y que son capaces de sepultar reputaciones enteras. Algo así le sucede a Katharina Blum en la novela del escritor alemán Heinrich Böll. Él, una de las plumas más críticas en una Alemania que se reconstruía después de la Segunda Guerra Mundial y ganador del Premio Nobel de Literatura en 1972, narra en El honor perdido de Katharina Blum, las formas en que una prensa amarillista fulmina la reputación e imagen pública de una mujer que llevaba una vida común. Dibujando en esta historia los oscuros alcances de la libertad de expresión. Porque éste ha sido un debate de muchos años (tantos como tiene la prensa de existir) y por tantas razones. Limitados aquellos que sólo observan un matiz.
Y traigo esto a cuenta porque el fin de semana leía una entrevista que Umberto Eco concedía al diario El País a razón de la publicación de su nueva novela Número cero. En ella —el mismo escritor le cuenta al reportero del diario,Juan Cruz—, habla de los peligros que trae consigo una prensa cuyo único objetivo es desprestigiar (o si se puede, primero, extorsionar) al adversario, ya sea político o mediático, pero todo con la única intención de hundir (u obtener unas monedas muy mal ganadas) a quien está enfrente. En esa misma entrevista, Umberto Eco (una de las mentes más brillantes de nuestros tiempos) afirma que con la llegada de internet y las redes sociales, ahora es mucho más sencillo acabar con la reputación de personajes públicos: “Para deslegitimar al adversario no hace siquiera falta que lo acuses de matar a su abuela o de ser un pedófilo: es suficiente con difundir sospecha sobre sus actitudes cotidianas. En la novela aparece un magistrado (que existió en realidad) sobre el que se lanzan sospechas, pero no se lo descalifica directamente, se dice simplemente que es estrafalario, que usa calcetines de colores… Es un hecho verdadero, consecuencia de la máquina del fango...”.
Él le llama “periodismo malo” a aquel que llega con la publicación de rumores, sospechas o mentiras descaradas que hoy, con la accesibilidad y velocidad que dan las redes sociales, encuentran camino seguro para volverse “verdad” ante tantos y tantos ciudadanos que no se toman la molestia de corroborar la información que se difunde: “Internet puede haber tomado el puesto del periodismo malo… Si sabes que estás leyendo un periódico como El País, La Repubblica, Il Corriere della Sera…, puedes pensar que existe un cierto control de la noticia y te fías. En cambio, si lees un periódico como aquellos ingleses de la tarde, sensacionalistas, no te fías. Con internet ocurre al contrario: te fías de todo porque no sabes diferenciar la fuente acreditada de la disparatada. Piense tan sólo en el éxito que tiene en internet cualquier página web que hable de complots o que se inventen historias absurdas: tienen un increíble seguimiento, de navegadores y de personas importantes que se las toman en serio...”.
Y es que tan sencillo se vuelve arrojar un supuesto con la única intención de generar estridencias, de ganar seguidores, de empujar una agenda o, simple y llanamente, provocar la descalificación de determinados personajes y a razón de ciertos intereses: y ahora, con internet, dice Eco, esto se convierte en “pan comido”, algo sumamente sencillo porque, además, la web se convierte en vehículo de alta velocidad para la difamación.
¿Y cuál sería una solución posible para cerrar espacio a esta posibilidad del rumor? Eco, brillante, propone: “Un periódico que sepa analizar y criticar lo que aparece en internet hoy tendría una función y a lo mejor, incluso, un chico o una chica jóvenes lo leerían para entender si lo que encuentraonline es verdadero o falso. En cambio, creo que el diario funciona todavía como si la red no existiera. Si miras el periódico de hoy, como mucho encontrarás una o dos noticias que hablan de la red. ¡Es como si los rotativos no se ocuparan nunca de su mayor adversario!”.
Un medio que fiscalice a los medios y a las redes, que haga periodismo sobre el periodismo, que ponga lupa sobre las agendas, que encuentre los hilos que hilvanan o anudan o ahorcan la realidad y sus interpretaciones. En los medios... y en la red.



