Inseguridad y publicidad


15 Julio 2016

Inseguridad y publicidad

De línea a línea/Martín Sánchez Treviño

            La inseguridad fue y seguirá siendo el Talón de Aquiles de la administración estatal que se va el 30 de septiembre. La inversión según fuentes oficiales, supera los 11 mil millones de pesos. Que se han invertido durante seis años en patrullas, cartuchos, uniformes, refacciones, llantas, combustible, salarios, indemnizaciones y jugosas compensaciones para los mandos militares que sin escrúpulos  reciben como premio por sentarse cada lunes en la mesa de seguridad. Y la inseguridad sigue siendo una demanda ciudadana sin resolver. Pareciera que los agentes -en los que se han invertido montos importantes de recursos- hubiera reencarnado el principio de Thomas Hobbes que argumenta que el hombre es el lobo del hombre, aunque la expresión la creo el comediógrafo Plauto en el siglo segundo después de Cristo.

            Y ante la ola de violencia que ofende y lastima a los tamaulipecos, los gobiernos son omisos y promotores de la opacidad sobre los que acontece en el entorno tamaulipeco, que frena el desarrollo, allana la deshumanización y limita el crecimiento de la empresa y de la industria familiar. En cambio da rienda suelta a la violación de los derechos, al amparo de un uniforme, una charola y una patrulla.

            Los ciudadanos sigue reclamando transparencia sobre los hechos que ponen en riesgo la integridad de sus vecinos, amigos y parientes, en el barrio, la colonia, en la escuela, el centro de trabajo y en el fraccionamiento. Donde la seguridad no es una realidad sino un desafío sin resolver.

            Mientras la región tamaulipeca sigue ocupando los primeros lugares en inseguridad  a nivel nacional y las primeras planas de los diarios nacionales por los crímenes violentos y no ceja la racha de secuestros de pobres y ricos, de obreros y patrones. Pero esto no alcanza a los miembros de los gabinetes de los tres órdenes de gobierno, porque cuando esto sucede, son liberados ipso facto por la delincuencia, que al parecer son la misma policía en la que, según los informes oficiales se han invertido miles de millones en su capacitación porque formación no tienen.

            De ahí que la inseguridad y la violencia parecen haber tomando un rumbo errático y con toda franqueza se allana el camino para hablar de una violencia y una inseguridad institucionalizada. Y las sospechas van en aumento, en el sentido de que es el gobierno a través de las policías desaparecen personas, asesinan inocentes, secuestran y cobran piso.

            Habría que indagar, si en realidad se han aplicado los miles de millones de pesos en el renglón de la seguridad, porque la violencia y la inseguridad siguen galopantes en los 43 municipios tamaulipecos y las amenazas de más violencia son lo cotidiano de lo ordinario.

            Lo más probable es que los recursos si se han aplicado, pero para crear estructuras de seguridad que garanticen los fines u objetivos de una autoridad represora, que busca dominar a los ciudadanos camuflageada de altruismo, pero que más bien parece el lobo de Hobbes.

            Además son repugnantes los mensajes obligados que difunden  la radio y la televisión, en los que los gobiernos se pavonean de que la seguridad es responsabilidad de todos, con sofismas buscan la credibilidad ante los ciudadanos, que ellos han hecho su esfuerzo y más en materia de seguridad, cuando el mandato de la carta magna, va mucho más allá.

            Porque en la realidad, es responsabilidad del estado crear las condiciones de seguridad para que los industriales establezcan sus empresas, los obreros puedan laborar, los ciudadanos puedan transitar las carreteras sin ser detenidos y los estudiantes sin limitantes puedan asistir a la escuela.