Hombres y mujeres: iguales, pero no tanto

6 Abril 2015

El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) promociona un estupendo anuncio bajo el lema Ni más ni menos: iguales. Se trata de un trabajo audaz que busca desterrar o al menos cuestionar viejos prejuicios profundamente arraigados: que las mujeres somos más sensibles que los hombres; que ellos son más valientes que nosotras; que los dos sexos no son igualmente responsables; que ellas son más trabajadoras que ellos, etc. También es una iniciativa oportuna, pues prepara a la ciudadanía para la primera votación en la que habrá candidaturas paritarias (tantas mujeres como hombres candidatos) en las listas a diputaciones federales, diputaciones estatales en los 17 estados en los que habrá elecciones y listas paritarias en cabildos municipales en los 14 estados en los que se aprobó la paridad municipal. Si la ciudadanía no está convencida de que en lo fundamental somos iguales, la propuesta de la paridad tardará más tiempo en crear raíces fuertes y duraderas.

¿Pero somos iguales o podemos ser iguales? ¿O de qué tipo de igualdad estamos hablando?  Tiene que ser algo más allá de una interpretación banal de igualdad. Primero, porque toda nuestra experiencia cotidiana nos dice que en realidad somos muy diferentes y, segundo, porque el mundo sería muy aburrido si fuéramos iguales en el sentido literal de la palabra.

¿Iguales cómo? El anuncio de Inmujeres dice que somos “ni más ni menos fuertes”, pero sabemos que en promedio los hombres son 20% más altos que las mujeres, y que la testosterona es mucho más abundante en hombres que en mujeres, lo cual les permite desarrollar más masa muscular que las mujeres y, por lo tanto, más fuerza. En sentido estricto, ellos son más fuertes que ellas. Y esta superioridad en musculatura es una de las causas de la violencia contra las mujeres. ¿Se atreverían  a golpearlas si las probabilidades de triunfo fueran a favor de ellas? ¿Podrían violarlas si ellas fueran más fuertes?

Una de las raíces de la epidemia de violencia contra las mujeres viene de una conducta primitiva que enseña el dominio del fuerte sobre el más débil, una respuesta casi instintiva que despierta en ciertas situaciones lo que los sicólogos han llamado el efecto Lucifer, la tendencia a dominar y maltratar al más débil o vulnerable (sean hombres o mujeres).

Paradójicamente, la mayor fortaleza física promedio de los hombres también da lugar a una cultura de protección y caballerosidad. Las feministas americanas la odian; nuestra cultura latina la acepta mejor, y qué bueno. Lo importante es que demuestra que el hábito del dominio autoritario sobre la contraparte menos fuerte es susceptible de modificarse culturalmente. No es, pues, sólo de la fuerza física de la que nos habla el anuncio de Inmujeres.

El anuncio dice también que somos ni más ni menos responsables, iguales. Y esto también tiene sus asegunes. Digamos que en Mexico siete millones de señores que engendraron hijos descubrieron que tenían ganas de fumar, dijeron que iban a comprar cigarros y nunca más volvieron. No, en el tema de la paternidad, los mexicanos no son tan responsables como las mujeres. Algunas madres abandonan a sus crías, pero son las excepciones. Pero hay otros temas en los que los hombres desarrollan un sentido de responsabilidad tan agudo que fallar les puede provocar el deseo de morir o la muerte misma. Masculinidad y un exitoso papel de proveedores pareciera un binomio indisoluble que les impide aceptar con naturalidad nuevas modalidades de esa masculinidad, no necesariamente vinculadas a un papel preponderante económico en la pareja. Pero el anuncio tiene razón: potencialmente podemos desarrollar responsabilidades iguales o equivalentes y, sobre todo, las madres podemos incentivar en los hijos varones un sentido de responsabilidad para con todos sus actos, incluyendo la diseminación de su DNA.

Los mismos matices pesan para los atributos de valentía y sensibilidad. ¿Somos tan valientes nosotras como ellos? Para algunas cosas sí y para otras no, depende de la definición de valentía. Bajo un falso concepto de valentía, en nuestro país los hombres jóvenes de entre 15 y 30 años sacrifican su vida en cantidades absurdas, arriesgándose a accidentes, encuentros violentos y suicidios. Las mujeres somos valientes de otra forma menos inútil. ¿Que somos igual de sensibles? Las mujeres no los hemos dejado ser igual de sensibles que nosotras porque como madres reprimimos expresiones sensibles que no se clasifiquen socialmente como masculinas. Inmujeres nos llama la atención: ellos y ellas pueden desarrollar una sensibilidad semejante que haría más ricas las relaciones y menos castrante el desarrollo de niños y jóvenes.

Y finalmente, el promocional pregona una gran verdad: hombres y mujeres somos ni más ni menos trabajadores y ni más ni menos listos: iguales. Casi. También en estos atributos la experiencia de vida y cultura desarrolla estilos y preferencias levemente diferentes. Una inteligencia geoespacial más desarrollada en los hombres, una capacidad más madura en las mujeres para realizar tareas simultáneas y muchos otros matices en la forma de entregarse al trabajo. La igualdad en derechos, la igualdad ante la ley, la igualdad en oportunidades para vivir a plenitud la diferencia que nos hace ser hombres y mujeres: de eso nos habla el audaz anuncio de Inmujeres. Y nos encontramos en Twitter: @ceciliasotog

*Analista política

ceciliasotog@gmail.com