Historias de Periodistas

23 Enero 2018




Por: Baldemar Mijangos


Tomás Yarrington Ruvalcaba manejaba el Estado de Tamaulipas en 1999 cuando José Francisco Rábago Castillo era el alcalde de Tampico.


Las cosas en el puerto no caminaban bien. Pepe Rábago tuvo la visita de varios personajes del panismo de Tampico, entre ellos, Arturo Elizondo Naranjo, presidente de la Coparmex, y David Gómez Fuentes, rector del IEST.


La oficina del alcalde estaba en el lado opuesto de donde hoy se encuentra; los disparos eran certeros. El PAN iba por la alcaldía en los siguientes meses. Pepe en tanto atado a intereses de la pasada campaña política.


Al salir, las declaraciones de Elizondo fueron el clavo en el ataúd municipal. Este es un gobierno con el mal del zopilote estreñido, planea y planea, y no obra. La calentura subió de pronto. El Ayuntamiento se sacudió. Afuera la ciudad en ruinas: basura, hoyos, más basura.


Tomás fue lapidario. Pidió un análisis serio de la desgracia porteña. Un día llegó al aeropuerto de Tampico para recorrer el Campus Universitario de la UAT. Se le aproximó José María Morfín Patraca, esposo de Paloma Guillén, y le entregó un sobre amarillo tamaño carta. Enseguida Tomás lo echó hacia atrás y su secretario lo tomó.


Fue cuestión de días: cayó la voladora al Ayuntamiento. Uno a uno funcionarios municipales fueron cesados, otros removidos. Pepe débil y sin carácter no era capaz de tamaña purga. Clara fue la mano del gobernador en la limpieza municipal, el verdugo ttambién tenía nombre: Chema Morfín. 


Los ahijados de Juan Manuel Sánchez Guerrero, ex líder de la Facultad de Comercio, salieron como tapón de sidra.


Víctor Palacios Azúa relevó en Comunicación Social a Juan José Avalos Flores; José Santos Vega del Castillo, secretario del Ayuntamiento, dejó el espacio a Joel Vela Robles. Así fueron desfilando en la casa de Pepe Rábago otros ocho o diez colaboradores para darles las malas noticias de que el gober no los quería en el cargo por ineptos. Hubo uno, de tantos que fueron atropellados ese día aciago, que dijo: "Yo pensé que era el único que me iba, al menos no me fui solo".