Haz limonada

14 Agosto 2013


Sobre todo a sus más aguerridos opositores. A ellos, más que a nadie, les tomó por sorpresa no escuchar la palabra “privatización”. En la reforma energética que llegó el lunes por la tarde al Senado para su discusión, pese a sus muy desatinados pronósticos, se tiene un documento planeado para que todas las fuerzas políticas sientan incluidas sus ideas, para que la discusión no comience en ceros y en puntos totalmente encontrados. En la lectura está la diferencia, por supuesto. Que con una mano en la consigna poca apertura encontramos.

El punto más álgido de este tema ha sido desde siempre el de la soberanía, el de la protección de los recursos naturales del país, aquellos expropiados por Lázaro Cárdenas. Esto se convirtió en consigna, que algunos han hecho el tema de su causa y hablan de él, del petróleo, casi como un ente divino al que se debe adorar y procurar, a pesar de las condiciones en que se encuentra.

¿Qué de malo tendría que el dinero privado —nacional o extranjero— se pudiera invertir en el petróleo de nuestro país? Lo que se presentó, el lunes, no es carta abierta para que vengan a saquear los pozos que existen ni para construir unos nuevos y dejarnos fuera de la jugada. Se trata, pues, de aceptar que México ha dejado de ser esa potencia en materia energética que un día fue, que necesita ayuda para explotar este rubro. Es decir:

Se quiere hacer limonada. Se tiene el limonero. El vecino cuenta con escalera, exprimidor y agua potable. Deciden unir recursos para hacer limonada y venderla. Ambos correrán el riesgo, puede que no todos los limones sean jugosos, pero los que sí lo sean, darán ganancias, mismas que se repartirán según la lógica de su aportación. El limonero sigue siendo de quien es; la escalera, el exprimidor y el agua potable, también. Nadie se roba nada. Se comparte un riesgo, pero también las ganancias. Aunque, sobre todo, se explotará a favor ese limonero que se ha cuidado tanto, porque ya se tendrán recursos para procurarlo y garantizar que siga dando limones.

Así entendemos la reforma energética del gobierno federal, al menos en el apartado que se refiere al hoy famoso concepto de utilidad compartida. Justo el mismo donde los más puristas pensaban que se leería sobre privatización y el saqueo de los recursos del país.

Claro que entendemos que el tema de esta reforma es más complejo que la idea de hacer limonadas, porque no sólo es ese tema —el de la analogía— el que se debe discutir. También sabemos que este asunto ha hecho que México se quede atrás, muy atrás. Ya lo habíamos escrito aquí, hasta Cuba tiene políticas en materia energética mucho más abiertas que las nuestras, que están a la par de países como Corea o Kuwait. Así de cerradas y rigurosas están las nuestras.

Más que ideología, que se defienda con uñas y dientes, lo que se debe tener, hoy más que nunca, es cabeza fría para sentarse a sostener un diálogo con argumentos que vayan mucho más allá de la consigna robotizada y que genere una decisión pensada más en beneficio del sector energético del país que para las arcas de cada esquina.

Porque para el tema hay de dos sopas: que no haya reforma, que nadie nos preste sus “fierros” y que “nuestro” petróleo se quede en el subsuelo hasta que ya no valga nada. O bien, si la vida nos dio limones, hagamos la mejor limonada que se pueda.


EXCELSIOR