Hace falta una Miriam en cada pueblo tamaulipeco
12 Mayo 2017
Hace falta una Miriam en cada pueblo tamaulipeco
Campanario/Martín Sánchez Treviño
Indignación e impotencia de los colectivos tamaulipecos
ante el asesinato de la activista de San Fernando Miriam Elizabeth Rodríguez
Martínez quien fue victimada en su domicilio la noche del jueves. Por lo mismo
se activaron organismo de derechos humanos y autoridades gubernamentales. En
esta capital el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca hizo público su
repudio y por lo mismo la procuraduría tamaulipeca bajo el mando de Irving
Barrios Mujica abrió la carpeta de investigación 220/2017 por el asesinato de
una mujer valiente, que con recursos propios indago hasta dar con la fosa donde estaba su hija, hizo lo propio
para detener a los presuntos responsables y obtener una sentencia de la
justicia.
Y aunque pareciera que el crimen de la señora es uno más
de los que se comenten en el territorio nacional, regional y local desde hace
casi dos décadas, hay indicio de lo contrario. De entrada se espera para este
viernes una reunión emergente del representante en México del alto comisionado
de la Organización de las Naciones Unidas para los derechos humanos, Jan Jarab
con el gobernador Francisco García Cabeza de Vaca, para abordar exclusivamente
el caso de la señora Miriam.
Así como las
demandas y quejas de otros colectivos, que hoy su reclamo no es sólo los restos
de sus víctimas, sino la imposibilidad de transitar en las tareas de búsqueda
de sus parientes desaparecidos.
Que han fallecido en una guerra fraticida que ellos no
inventaron ni mucho menos invocaron. Por qué, cuál padre o madre le da una
víbora a su hijo cuando este le pide un pedazo de pan?, dice el gran libro. Y
que han vivido historias inhumanas en las décadas anteriores, porque los
victimarios les impidieron dar cristiana sepultura a sus difuntos. Ante la
indiferencia de una autoridad permisiva
e indolente, que no supo ni siquiera reclamar por la muerte de su hermano.
Estamos ante un
nuevo capítulo de la historia de terror por la que los tamaulipecos transitan
desde hace casi dos décadas, cuando sus gobernantes, sus policías, sus jueces y
autoridades le entregaron el “alma al diablo” y llevaron a sus gobernados a
estadios de indefensión y de incivilidad.
No es fortuito que uno de los ex gobernadores contemporáneos
de esta entidad este detenido y en proceso de extradición para ser juzgado en
un país “extraño”, donde se ha propulsado la violencia en la franja fronteriza
tamaulipeca y contradictoriamente se ha convertido en el juez supremo del
universo.
Para dar seguimiento a las indagatorias de la muerte de
doña Miriam Rodríguez, la luchadora incansable de San Fernando, las autoridades
estatales dieron la cara como no lo hicieron los gobierno perversos del pasado
y atajar que no se desvirtuara la información básica para el esclarecimiento de
la activista. Pero sobre todo no enturbiar el móvil y el fondo del deplorable
homicidio.
Doña Miriam es un incono ejemplar de nuestros tiempos,
ella misma indago la muerte de su hija, identifico a los responsables, se convirtió
en su defensora jurídica con ayuda de sus amigos y familiares. Solventó los
vacíos del proceso, las lagunas de los juzgadores. Y dejo en la cárcel a los
culpables de su infelicidad. Aunque el precio de su lucha fue su muerte.
Por eso viene a la memoria de este escribiente aquella
frase de Carlos Marx que decía, el proletariado, los pobres, no tienen nada que
perder en la lucha, sino las cadenas de su esclavitud.
En este nuevo capítulo de la historia de dolor de los
tamaulipecos, predomina la muerte no de los poderosos ni los adinerados, ni de
los sabios o religiosos mongigatos, sino de los que reclaman, gritan y exigen
justicia.
Los colectivos tamaulipecos están de luto y con ellos también los ciudadanos bien nacidos, que han renunciado a abandonar sus orígenes, sus tradiciones, sus sitios su territorio.



