Gracias Patricia

27 Octubre 2015


La naturaleza nos volvió a decir que ella es la que manda. Fue benévola, nos dio el más grande susto de los últimos años. Pero sólo quedó en eso, a(fortuna)damente: nomás el susto, porque la fortuna quiso que Patricia tocara tierra ahí, en dónde la densidad poblacional era mínima y, además, se topara con la providencial barrera de la Sierra Madre que dispersó la furia de la tormenta. Patricia, el huracán más potente jamás antes registrado, se convirtió en una depresión tropical y, luego, en remanente. Y junto a eso, también el protocolo activado desde el gobierno federal en coordinación con las autoridades estatales y municipales, las alertas en todos los medios nacionales y locales y, sobre todo, la actividad en todos los portales y las redes sociales: la virtud de la coordinación, la organización y la prevención ante las amenazas de los frecuentes peligros de la naturaleza. Todo funcionó para que los estragos no fueran tan terribles como lo esperábamos.

Tristemente, seis personas murieron en accidentes provocados por las lluvias. El saldo no fue blanco como lo habríamos pensado. Sin embargo, el panorama general de las afectaciones de Patricia no fue en lo absoluto catastrófico, como se esperaba, según los pronósticos de todo el mundo. Especialistas internacionales veían sorprendidos la evolución del fenómeno, si hubiera categoría 6, Patricia la hubiera inaugurado.

“Hay temas, hay lecciones buenas, hay preocupaciones puntuales. La lección positiva es que frente a una preocupación de un huracán que se presentó con una intensidad que nunca antes se había visto y que tenía velocidades que tampoco se habían visto nunca, hubo un despliegue muy importante de parte de la sociedad y el gobierno, puestos a prueba los dos, con éxito, y con la buena fortuna de que la entrada el huracán se dio en zonas de baja densidad poblacional (...) Hoy estamos levantando centros de atención para identificar el despliegue de acciones que debemos hacer. En un contexto en donde no ha faltado agua, donde no ha faltado presencia y en donde ya se está de lleno en las labores de restablecimiento y reconstrucción...”, me dijo José Antonio Meade, secretario de Desarrollo Social, en ExcélsiorTV. Me dijo también que pocas personas necesitan un albergue; prácticamente, todos han regresado ya a sus casas.

La actuación de todos fue virtud. Desde Enrique Peña Nieto y su gabinete, hasta los gobernadores, funcionarios locales y alcaldes, unieron esfuerzos para que los protocolos de acción ante emergencias de este tipo se ejecutaran escrupulosamente. Y si a eso le sumamos la participación ciudadana que desde sus improvisadas trincheras y redes sociales hacía llamados para saber qué hacer y llamar a la gente a resguardarse (salvo Ninel Conde, claro). Todo fue parte de ese necesario círculo para demostrar que hemos aprendido de experiencias pasadas; que en cada episodio frente a un fenómeno natural, actuamos con mayor velocidad y organización. Y como muy importante agregado, algo que me da mucho gusto de que Patricia no haya sido una hecatombe, es que nadie, ningún político de cualquier nivel tendrá la oportunidad de sacar raja política en favor de su propia causa; y menos aún podrán tener acceso a fondos millonarios de recuperación tras el desastre que, por sus proporciones, se vuelve casi imposible de auditar

Virtud y fortuna en el que, se pensaba, sería el más devastador huracán en la historia conocida del planeta. Para los que dicen que todo fue una cortina de nubes, que el poder de EPN es tan inmenso que podría haberles hecho manita de puerco a la NASA o al Departamento de Estado en EU o al Centro de Huracanes de Florida, pues que ellos carguen en su conciencia con las vidas que tal y tan estúpida versión generará entre las personas con menos preparación y mássospechosísmo idiota. Y si se salvaron hoy tantas vidas “por virtud y por fortuna”, se perderán después por “estupidez y mala suerte”...

Gracias Patricia por tu benevolencia. Gracias México, por tu previsión, tu cuidado y tu entereza.

Excelsior