#3de3... y #FueraElFuero

17 Febrero  2015

La necesidad de una clase política con el máximo de votos de confianza es el sueño (que a veces parece lamentablemente guajiro) de un país como el nuestro. Los tiempos que vivimos han evidenciado las profundas fallas de un sistema democrático que se ha venido construyendo a pasitos lentos y atropellados, que a veces, además, ha dado unos giros que más bien nos hacen retroceder. Ahorita son los escándalos de los narco-amigos-alcaldes-asesinos, los de una millonaria Línea Dorada, los de las casas, los de las cuentas bancarias en Suiza. Hace apenas unos meses eran los de los abusos en Brasil y la cárcel, los del desvío de aguas de un río para hacerse una presa privada. Los de un exgobernador con pisos de lujo en Nueva York. Los de otro con desvíos millonarios para comprar cientos de pares de zapatos. Los de uno más con su narcohermano entrando en cajuelas al Congreso para rendir protesta (y obtener, con ello, un fuero constitucional). Los de un operador que, portafolio negro en mano repleto de dinero, se llevó hasta las ligas de goma en la bolsa de su saco. En fin, nuestra historia reciente, la democrática, ha sido el vademécum del abuso, la corrupción y el inevitable cinismo que ahora lo acompaña. Desde hace años hemos sido testigos de familiares paracaidistas en nóminas, de nepotismo, de funcionarios que entran y salen de distintos puestos viendo incrementada su fortuna al doble o al triple (y eso viéndonos fresas, poquiteros en la contabilidad hipotética). La función pública parece ser vía que fácilmente apantalla a quienes llegan a ella y ven en esa oportunidad, que les da el voto popular, una ventana de negocio incomparable.

La época electoral que está oficialmente por iniciar (que apenas va en su etapa de precampañas y precandidaturas), junto con los escándalos que en fechas recientes hemos visto y escuchado en todos lados, ha obligado a la creación de propuestas que buscan evitar que, de nueva cuenta, aparezcan personajes como los Ángel Aguirre y parentela, o los Murat y parentela, o los Abarca y parentela. Por mencionar tan sólo algunos nombres. Existe ahora una campaña llamada #3de3 enfocada justo a esto. Consiste en solicitar a todos los legisladores, además de a aquellos que se están apuntando para contender el próximo 7 de junio, tres declaraciones básicas para saber cómo andan sus finanzas: la patrimonial, la de intereses y la de impuestos.

No suena nada mal. Sin embargo, tristemente aquélla es una voz que ha tenido poca resonancia: de los 628 legisladores que hay en el Congreso de la Unión, sólo cinco se han sumado a tal iniciativa, cinco: Elizabeth Oswelia Yáñez Robles y Fernando Rodríguez Doval, del PAN; Laura Rojas Hernández, del PRI, y Zoé Robledo Aburto y Fernando Belaunzarán Méndez, del PRD. El resto hacen como que la virgen les habla, como siempre cuando no les conviene.

Repito, es lo triste, lo lamentable para una democracia como la nuestra que se pinta tan vulnerable. La función pública debería estar sometida a una cuestión ética que obligara a sus representantes a transparentar cada recurso que el Estado les proporciona, después de todo, trabajan para él y viven con dinero del erario. Y no es que reciban poco, al contrario. Incluso ellos mismos tienen la rarísima cualidad de subirse el sueldo, votar por bonos y designarse el aguinaldo que recibirán al final del año. Ellos tienen la capacidad para designarse cualquier cantidad de prestaciones y beneficios. Lo mínimo que les correspondería hacer —por ética, como lo dije— es transparentar todo eso que reciben: dar así confianza a los ciudadanos acerca de que todo lo que reciben es lo justo y lo acordado (aunque por ellos) por el trabajo que realizan.

Pero más allá de esta importante iniciativa, creo que los ciudadanos tendríamos que ir más lejos. ¿Quieren los políticos recuperar algo de nuestra confianza? Pues exijámosles que renuncien al fuero constitucional. Que se elimine esa charola de impunidad de la que tanto se han servido quienes han mancillado el servicio público. ¿Nos quieren representar? Pues que lo hagan sin instrumentos salvavidas (o salvafortunas). ¿Quieren trabajar en nuestro beneficio? Pues que empiecen por demostrarnos que no necesitan de un fuero que les permita trabajar sólo en beneficio propio sin pagar nunca las consecuencias por hacerlo. ¿Quieren convencernos de que no fueron cooptados por el crimen organizado? Pues desármense, bajen esa pistola legal, ese chaleco antibalas, antileyes... anticárcel. De verdad: si quieren corregir el rumbo de esta hoy contaminada y pervertida democracia, legislen por ello. Acuérdense que vendrá la reelección: si votan hoy para que el fuero quede fuera, sus votantes los verán con muchos mejores ojos y con mayor grado de confianza.

Querido lector: apoya estas demandas con los hashtags#3de3 y #FueraElFuero