Explicaciones falaces
10 Junio 2016
La derrota priista en la elección del domingo pasado tiene sus porqués. Pero no los que la mayoría de los “explicólogos a botepronto” han esgrimido. Aquí le presento algunas de las lecturas (explicaciones) más falaces y equivocadas que se están haciendo, algunas en el interior del PRI y de Los Pinos, otras dentro de las cúpulas de otros partidos y de los factores reales de poder, unas más en el interior de las llamadas “minorías intensas” de la sociedad mexicana. Todas éstas, explicaciones tan insostenibles que harían enfurecer a cualquiera que tuviera dos dedos de frente:
1. Fue por el matrimonio gay. La iniciativa que el presidente Enrique Peña Nietopresentó el pasado 17 de mayo para reconocer, como lo había resuelto la SCJN, las uniones entre dos personas (hombre y mujer, mujer y mujer, hombre y hombre) dentro de la Constitución, desató a la turba conservadora más radical —que es igual de peligrosa que la izquierda radical, pero igual de minoritaria en términos reales. Son minorías que ni ganan ni pierden elecciones. “¿Qué tanto se justifica oponerse a que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio?” La respuesta a esta pregunta revela que sólo 6.8% de la población cree que dicha oposición se justifica mucho. Ese 6.8% no es el que castigó a personajes como los dos Duarte (Javier y César) o a Gabino Cué o a Roberto Borge. Pero tal es el ahínco que le ponen a su engaño (o en una de ésas, franco autoengaño), que incluso Francisco Labastida ha salido a decir que esta iniciativa presidencial le costó votos al PRI; con él, también algunos obispos han hecho lo propio, unos que se atreven a hablar hasta de biología (pues qué no Dios creó a Adan y Eva y Darwinera un descreído delirante o porque es un fenómeno biológico de lo más probado que una mujer quede embarazada de una paloma). Otros, más temerarios (e idiotas a decir verdad) hasta se atrevieron a poner en duda la orientación sexual del Presidente. Y todos pasando por alto que la Conapred ha publicado encuestas muy bien fundamentadas, en donde se lee que la mayoría de la población es más bien apática (les vale gorro, sombrilla, cacahuate) al asunto de las llamadas “bodas gays”. Pero en el interior el PRI, ésta es la razón y no la corrupción, nunca jamás la corrupción, de ninguna manera la corrupción, lo que la gente castigó en las urnas. Porque en este país, según ellos, castigamos antes a los gays que a los ladrones.
2. Las reformas estructurales. Y también hay priistas convencidos de que el desplome de su apoyo en las urnas se debió a que las reformas aprobadas en los primeros dos años del sexenio han “pisado” muchos callos de los factores reales de poder. Como si el voto de un millonario empresario valiera un millón de veces más en las urnas que el mío o el de usted que me lee. El cuento sigue siendo el mismo: se aferran a creer que su maquinaria es invencible y subestiman la racionalidad de los votantes. Son capaces de llegar tan lejos, que pretenden culpar a su legado favorito (las reformas) de su debacle electoral.
3. La “guerra sucia”. A esta explicación —tan mojigata como ciega— recurren todos: panistas, perredistas, priistas y hasta morenistas. Pura tenebra (chaqueta mental) a la que la clase política recurre, desde tiempos de El Peje en 2006, siempre que no tiene forma de justificar su derrota. Yo siempre he sido una entusiasta de la “guerra sucia”, como una manera de evidenciar mejor a los candidatos que los partidos nos ofrecen. De hecho, la mal llamada “guerra sucia” es un pilar de la competencia electoral en todo el mundo. Pero no en un país que legisló para que ésta no pueda realizarse en los medios tradicionales, el efecto inevitable es que terminó mudándose a las redes sociales, en donde, en efecto, nadie puede fiscalizar absolutamente nada. Ni la veracidad de las declaraciones ni su nivel de impacto.
4. Concertacesiones siglo XXI. Y como para algunos las anteriores teorías no son suficientes (o creíbles), hay quien lee en lo del domingo una derrota priista orquestada o pactada: el tricolor habría pactado con el PAN una que otra gubernatura. Como si el PRI siguiera ejerciendo un poder imperial que hoy, hemos visto, ya no tiene porque, por fortuna, los tiempos ya no son los mismos que en sus mejores años. ¿Por qué acordarían debilitarse cuando es claro quién es el rival en 2018? Soberana tontería de los conspiracionistas que lo mismo insisten en que la epidemia de influenza fue un invento, que Zedillo era un illuminati o que el EZLN vendía a Rusia uranio enriquecido.
ADDENDUM. Ayer se realizó un coctel para darle la bienvenida a Roberta Jacobson, nueva embajadora de EU en nuestro país. Su discurso, fantástico; la convocatoria, inmejorable. Pero una cosa llamó poderosamente mi atención: gran parte del evento la pasaron platicando —muy animados— el hombre más rico del país, el ingeniero Carlos Slim Helú, y el llamado “joven maravilla”, Ricardo Anaya, el hoy tan contento dirigente nacional del PAN.



