Esperanza ciudadana
15 Junio 2016
Esperanza ciudadana
De línea a línea/Martín Sánchez Treviño
La reflexión
postelectoral del 5 de junio, de los ciudadanos tamaulipecos que ejercieron su
derecho de elegir a sus gobernantes, sean de cualquier denominación partidista
o independencista, debe haber en ellos en ellos motivos suficientes para
decidir el destino de esta región.
Y en la lista de motivaciones, predominan los temores y
las esperanzas de cada ciudadano, propio de la persona humana, que no es ajena
a los retos y desafíos que anhelan resolver a través de sus gobernantes.
Más aún resulta complejo si los ciudadanos, desde que
abrieron los ojos, han vivido bajo un sistema que ha engendrado un paternalismo
enfermizo, que pretende crear hijos dependientes, porque solo con ellos tiene
la capacidad de ejercer el control de sus engendros. Y conservar la hegemonía
de los entornos de la persona.
Pero resulta relevante que en la diversidad de las
personas y las sociedades, es donde surgen nuevos modelos, capaces de encantar
a las nuevas generaciones, que estas a su vez ejercen influencias en sus
antepasados. Y que con capacidad crítica, aptitudes que seguramente no adquirió
en la escuela pública y privada, tiene la capacidad de criticar y replantear
modelos que satisfagan sus necesidades espirituales.
Porque en definitiva, lo que mueve a
toda persona es el espíritu, sin importar el tipo de vida o actividad económica
incluso académica o intelectual, su
origen cultural. Porque en la capacidad de decisión, sobre todo para construir
una sociedad ideal. El ser espiritual que cada miembro de la sociedad lleva, es
lo que en definitivo, rompe con los esquemas y las estructuras de un hombre
sepultado y abrumado por un entorno insatisfactorio.
De tal manera que si la euforia de
unos es la tristeza de otros, porque su candidato fue arrollado por el
contrario, en las urnas que construyó el hombre viejo. El hombre nuevo, que
surgió de los escombros del hombre viejo, esta y se manifiesta satisfecho
porque ha demostrado y ha derrotado los
paradigmas del hombre viejo.
Y el hombre viejo, agotado por el
vencimiento de su ciclo, es incapaz de crear nuevos paradigmas que lo pongan a
la altura de las exigencias de las nuevas generaciones, de las que forma parte
el hombre nuevo.
Una de las características del hombre nuevo,
es el perfil de la esperanza. Por ese motivo es capaz de vivir desinstalado.
Deja la comodidad para vivir la aventura que de las inseguridades.
De tal manera le resultan repugnantes
todos los “anzuelos” del hombre viejo, porque está decidido a crear su propia
historia.
Este quizá podría ser uno de los
postulados que el gobernador electo, utilizo para conquistar la confianza de
hombres y mujeres de una sociedad en búsqueda e insatisfecha con las ofertas
del hombre viejo, pero sobre todo con practicas cuyos resultados han sido
deshumanizantes.
Que ha vivido días sombríos convertidos en
semanas, meses y años, en los límites de la deshumanización. Pero que gracias a
esas condiciones, les nacieron las agallas para desafiar los esquemas y acabar
con los esqueletos de un hombre viejo y en decadencia. Incapaz de crear metas
nuevas y construir un sendero de libertad y de justicia.
Puede ser
que el ruido de los fusiles, el atropello de los gendarmes y los excesos de los
poderosos y el ulular de las sirenas despertaron al hombre nuevo, que no tiene
edad ni sexo. Y que en espera tiempos nuevos.



