Que Peña irá por la apertura petrolera sólo con el PAN

19 JUNIO 2013

Sabemos que uno de los actores del Pacto por México, el PRD, está en contra de modificar la Constitución en materia energética.


Entiendo que el gobierno no quiera hablar en la prensa nacional sobre la reforma energética para no alborotar al gallinero. Lo que no comprendo es que sí lo haga en medios extranjeros como si los mexicanos no tuviéramos acceso a ellos. En fin, es su derecho. La buena noticia es que, gracias a sendos artículos en The Financial Times y The Wall Street Journal (WSJ), nos hemos enterado que el presidente Peña enviará una reforma para “poner fin a un tabú de casi ocho décadas al abrir el sector de hidrocarburos a la inversión privada y la competencia”.

El artículo del WSJ, firmado por Juan Montes, informa lo que está pensando el Presidente en materia de reforma energética. Primero, para que quede claro, el gobierno no va a privatizar a Pemex que seguirá siendo una empresa de propiedad exclusiva del Estado. Segundo, la paraestatal seguiría siendo la única que podrá explorar y explotar “yacimientos petroleros en aguas poco profundas”.

Hasta aquí no hay cambio alguno. Se prevé, sin embargo, “que compañías privadas compartan con el Estado los riesgos de desarrollar reservas de energía cada vez más complejas, como depósitos de crudo en aguas profundas, al permitirles producir crudo y gas a través de acuerdos de ganancias compartidas”. Además, la idea es permitir la inversión privada en la explotación de “crudo y gas de esquisto”, mejor conocidas en inglés como shale oil y shale gas.

Según “un alto funcionario de la Secretaría de Energía” entrevistado por Montes, el gobierno mexicano pretende “una reforma profunda que ofrezca certidumbre legal a las empresas”. De esta forma, el gobierno y las empresas serían socios en estos negocios pero, a diferencia de otros países donde se reparten el petróleo y gas que se extrae, en México el Estado se quedaría con el producto para luego pagarle a sus socios privados “en efectivo a precios de mercado”. Esto con la idea de “apaciguar a los nacionalistas mexicanos a los que les preocupa el simbolismo de compartir el petróleo del país”.

Una fuente del WSJ afirmó que el gobierno quiere dejar “muy claro en la Constitución cómo (las firmas privadas) pueden participar”. Para que no haya dudas, estamos hablando de que el Ejecutivo enviará al Congreso una iniciativa que implica una reforma constitucional. Se trata de una información muy relevante porque sabemos que uno de los actores del Pacto por México, el PRD, está en contra de modificar la Constitución en materia energética. La izquierda no va a apoyar una reforma que abra el sector petrolero a la inversión privada en el tema de exploración y extracción de crudo y gas. Así me lo dijo, con todas sus palabras,Jesús Zambrano, dirigente nacional perredista, en una entrevista que le hice hace unos pocos días en la radio.

No obstante, el artículo del WSJ afirma que fuentes gubernamentales están “optimistas de conseguir el respaldo de al menos uno de los dos partidos de oposición, sin necesidad de realizar cambios radicales a la reforma”. Si entiendo bien, entonces la reforma energética no va a transitar por la ruta del Pacto por México, sino por un acuerdo entre el PRI y el PAN. De acuerdo con el WSJ: “Las negociaciones formales empezarían probablemente después de las elecciones locales programadas para el 7 de julio, y el Congreso recibiría el proyecto de ley en agosto”.

Al respecto, el WSJ entrevistó a  Carlos Elizondo, profesor del CIDE, quien dijo: “Si lo logran, será sin lugar a dudas una reforma revolucionaria. Es el tipo de cambio con el que todo gobierno mexicano ha soñado y que no se ha podido lograr en los últimos 20 años”. Coincido con Elizondo, sobre todo en la condicionante: “si la logran”. Porque no va a ser nada sencillo. La izquierda pactista, como dije arriba, no va a apoyar una reforma como la que describe el artículo del WSJ. La otra izquierda, la que lidera López Obrador, va a movilizarse en las calles para oponerse férreamente a ella. El PAN, cuyos votos en el Congreso serán esenciales, estará en pleno proceso de renovación de su dirigencia nacional dirimiendo un conflicto interno muy profundo entre maderistas y calderonistas. Además los panistas, a cambio de su apoyo, van a demandar una serie de reformas políticas que incluyen la segunda vuelta en la elección presidencial y la reelección inmediata consecutiva de los legisladores, que no les gusta nada a los priistas.

En suma, para sacar adelante esta reforma energética, el presidente Peña Nieto tendrá que superar un enorme desafío político, quizá el más grande de todos los que enfrentará durante su sexenio.

                Twitter: @leozuckermann


Colaboración de Excelsior