Eterna tentación
Yo espío. Tú espías. Él espía. Nosotros espiamos. Ellos espían. Ustedes espían... y la NSA, ella sólo stalkea, ¿o cómo? Y es que lo malo de espiar es que te cachen. ¡Qué vergüenza! Pero, siendo honestos, ¿quién podría resistirse a enterarse en secreto de lo que hace el otro, más cuando hay tantos intereses de por medio? La curiosidad mató al gato. El que busca encuentra. En fin... tantas frases populares para referirnos a una práctica de la que pocos pueden escapar.
Y es que buscar certezas es parte del género humano, ¿o no hasta a nivel muy particular sin querer desviamos la mirada y la centramos en el celular de la pareja para saber quién le llama? Por supuesto que en ello también hay niveles, porque también, dependiendo de cada quien, la línea que decidimos rebasar al hacerlo habla mucho de quiénes somos.
Que si Felipe Calderón autorizó actividades de espionaje por parte de Estados Unidos. Claro, qué actitud tan reprobable de quien se dejó espiar y qué bajeza de quien lo hizo, pero, ¿no habría hecho lo mismo nuestro país de haber tenido la oportunidad? ¿O el escándalo va porque en México nadie lo hace y entonces tenemos la calidad moral para condenarlo y señalarlo como inaceptable?
¿Cuántas veces nos enteramos de escándalos políticos gracias a grabaciones en audio o video? Los hemos tenido de todos los colores. En contra de un candidato o de un funcionario. Hasta de integrantes del mundo de la farándula o el deporte. Y sí, qué vergüenza cuando escuchamos conversaciones sin tapujos, cuando nos enteramos de lo que en verdad piensan al respecto de algo o alguien, aunque, sabiendo que tal charla tenía el carácter de privado. Pero para no centrarnos en el hecho, le damos importancia a lo que descubrimos y no en la vía en cómo llegamos a tal información.
Por supuesto que esto viene por la operación Whitetamale (vaya nombrecito), mediante la cual la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) husmeó en correos electrónicos de funcionarios de la entonces llamada Secretaría de Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón. Esto se le suma a ese otro episodio, cuando se supo que, de igual forma, el gobierno de Barack Obamaintervenía vías de comunicación para enterarse de las andanzas de un Enrique Peña Nieto en campaña presidencial, o de una Dilma Rousseff, quien desde entonces ha mostrado separación en la relación diplomática que mantenía con el gobierno de Estados Unidos.
Sí, la diplomacia se pierde cuando los gobiernos, empresas, amistades o parejas se espían. Pero creo que, si bien no es la más antigua, será acaso la segunda profesión más vieja. ¿Cuántas decisiones no se tomarán en los gobiernos, congresos o despachos locales gracias a la filtración de información? ¿A cuántas de ellas estaremos expuestos todos los días?
Todos espiamos, todos queremos enterarnos para, con base en ellos, tomar mejores decisiones. La línea entre lo reprobable o inmoral y lo que no lo es se definirá acaso y en principio por lo que estamos dispuestos a hacer, para entonces sí señalar lo que nos parece incorrecto, antes de espantarnos cuando al otro lo cachen por buscarle tres pies al gato.



