En picada, la economía mexicana

9 Diciembre  2016


En picada, la economía mexicana



Campanario/Martín Sánchez Treviño


Ojalá las apreciaciones de los analistas del Banco de México se equivoquen, cuando comentan en los diarios nacionales que entre los meses de enero y noviembre de este año, el monto de la salida de inversiones del mercado nacional superan los 132 mil millones de pesos, que finalmente migraron al banco central de Estados Unidos, donde encontraron una mejor tasa de interés y de esa manera sus dinero gane más.


Por demás resulta grave lo acontecido este año en materia económica porque la fuga de estas inversiones equivale al 6.2 por ciento de la inversión extranjera en bonos gubernamentales, que si se calcula en dólares se estima que son más de 100 mil millones de dólares.


Es delicado lo que ha sucedido este año en materia de la salida de inversiones, porque esta representa también el 15 por ciento, considerada superior a la deuda externa, que según la secretaria de hacienda es del orden de los 87 mil millones de dólares.

Por ese motivo como medida de contención Banxico anunció una nueva ampliación de las tasas de interés para que representen un atractivo para los inversionistas en el mercado monetario mexicano.

En tanto que el crecimiento de la economía nacional sigue rezagada con un crecimiento menor del 2 por ciento, lo cual no deja de desalentar la inversión nacional, en la que el principal desaliento siguen siendo las prácticas de inseguridad. 


De tal manera que las expectativas de crecimiento por el impulso de la economía interna se advierten a la baja, debido a que la promoción de la inversión esta en centrada en atraer capitales e inversiones fugaces que ante la primera tempestad del mercado nacional, migrar sus inversiones a mercados donde hayan una mejor remuneración y mayor certidumbre.

 Lo que nadie reconoce es que el país antes del boom del precio del petróleo tenía una economía sustentada en la productividad de los sectores nacionales, con empresas generadoras de empleo y de capital, que si bien no permitían vivir en la opulencia, la inflación estaba por debajo de los índices de crecimiento.


Mientras que en la actualidad se estima una crecimiento cercano al 2 por ciento para el 2017, con una inflación superior o equivalente al 4 por ciento. Lo que no sucedía hasta antes de que llegaran los tecnócratas de este país y pusieran en marcha fatídico neoliberalismo, que permitió que nuestros productos pudieran exportarse a otros países, pero que también nos llevo a depender de la inversión extranjera, que hoy por hoy está en jaque por las nuevas políticas del presidente republicano. Con cuya visión coinciden los inversionistas anglosajones.


Pero pareciera que las expectativas del gobierno mexicano siguen apuntando al “oro negro” que se localiza en lo más profundo del Golfo de México y no obstante que la petrolera y los encargados de las finanzas del país consideran que las subastas en aguas profundas detonarían una derrama del orden de los 40 mil millones de dólares. Y que se podrían traducir en empleos en el medio petrolero. 


Son posibilidades muy remotas para los obreros y las empresas que compiten en esos mercados, porque además se trata de tecnologías propias de las principales petroleras del mundo entre las cuales no figuran las compañías mexicanas, que de manera tradicional han laborado en el medio petrolero y que por lo mismo las nuevas subastas no representan una oferta real.

Es en parte lo que se traduce en desempleo en el medio petrolero de ciudades tamaulipecas como Reynosa y Tampico, donde la oferta laboral dejo de estar en tareas de la petrolera mexicana que en los últimos años desocupo miles de empleados.

El reto del próximo presidente de México es detonar el crecimiento del mercado nacional y no obstante que vivimos la era de la globalización, tendrá que impulsar el desarrollo regional, tarea a la que los gobernadores está de este país están obligados a sumarse.

Durante un ejercicio de sondeo en las principales agencia de automóviles de esta capital, los vendedores revelan que las ventas de automóviles nuevos están a la baja, lo cual no es un buen indicativo en el cierre del 2016.