El tamaño del helicóptero sí importa
7 Abril 2015
Ven el temblor y no se hincan. Para acompañar al candidato Aureoles en la apertura de campaña por Michoacán, altos personajes del perredé se aparecieron transportados en helicóptero: Graco Ramírez, el góberOrtega, Navarrete. Unos alegaron que estos viajes no se pagaron con recursos públicos, otros que solo se trataba de taxis aéreos para ahorrar tiempo en tiempos de vacaciones de Semana Santa, sobre todo, supongo, para no cansarse como Murillo Karam.
La prudencia de otros tiempos habría indicado que lo ideal era apersonarse en uno de esos camionetones aerodinámicos, llegar en Metro o en chimeco, pero nunca en un artefacto que pudiera conectarlos con el escándalo del señor de la Conagua.
Al parecer nadie les ha explicado que, además del estatus y el glamur que puede dar ese oscuro objeto de deseo, también puede generar grandes tragedias, como le ocurrió al inolvidable profesor Zovek.
Así, podría decirse que entre los políticos como entre los funcionarios el respeto al helicóptero ajeno, es la paz. O lo que es lo mismo, lo que importa es el tamaño del autogiro, el del pene qué.
Y en un esfuerzo por tratar de explicar el extraño fenómeno que se ha desatado por la afición desmesurada de los políticos y funcionarios por los aparatos voladores, no se remite a una simple envidia por el helicóptero de James Bond, que sin duda reanimó la tentación helicopteresca debido a sus piruetas en el Zócalo capitalino.
Es muy probable que esta obsesión se remonte a aquella hazaña del legendario maleante David Kaplan, al escaparse de la cárcel de Santa Marta Acatitla en un helicóptero. Como que esa referencia excita las mentes de por sí guajiras del zoon politikón y la convierte en noble aspiración: robar, huir y que en caso de que te pesquen, bajen del cielo para rescatarte.
Tampoco se puede olvidar que no todo es presunción clasista ni escapismos carcelarios; también están los sentimientos. Por eso no queda más remedio que evocar el helicóptero del amor de Estrada Cajigal, noble ex góber panista que hacía ver al Padrote Padrés como una persona de buen corazón.
¿Qué político o funcionario no querría vivir su propia versión de Amores con trampa?
Por supuesto, también está la parte altruista. No hay nadie que no quisiera bajar de un helicóptero, debidamente bañada y maquillada, con cámaras y micrófonos como Laura Bozzo en la zona de desastreKafkapulco.
Lo dicho: el tamaño del helicóptero sí importa.
jairo.calixto@milenio.com
www.twitter.com/jairocalixto



