El misterioso don de los animales
27 Abril 2017
Sección: Historias de Ultratumba y Paranormal de Tampico
El misterioso don de los animales
Por: Vanessa Gutierrez/ Ordenador
Olivia esperaba que su abuela le sirviera el desayuno en su casa, en la Obrera; en ese momento, a las 8:12 de la mañana, le dijo: "alguien va a morir, acaba de cantar la gallina". A las 9:06 sonó el teléfono de la casa. Comunicaban que doña Leonor acababa de fallecer.
¿Qué misterio se esconde en esta revelación? ¿cómo entender este 'conocimiento' animal en pleno desarrollo de los sistemas tecnológicos? Es claro que detrás de la realidad que viven los animales existe un mundo paranormal sólo comprensible, quizá, si abrimos nuestra mente a fenómenos en extremo inverosímiles.
Doña Beatriz recibió la visita en su casa en el rancho en González, cerca de Tampico, de seis trabajadores de la Comisión Nacional del Agua que efectuaban labores en el campo, radar en mano. Le preguntaron si podían acampar en su terreno porque iba a oscurecer pronto. Les dijo que sí podían hacerlo, pero les ofreció que dentro de la casa, porque iba a llover. Los seis se miraron extrañados. Pensaron: "señora, somos meteorólogos, y sabemos que no lloverá en días". En la mañana a las 4 y media se dejó sentir tremendo chaparrón. Quedaron inundados y empapados. A las 6 de la mañana estaban frente a doña Beatriz como pollos remojados. Antes de irse le preguntaron cómo es que sabía que iba llover. Les dijo algo muy sencillo. "Miren, tengo un burrito que siempre que va a llover se golpea en círculo con la cerca porque se quiere salir".
Está reportado que antes de la llegada del tsunami de Yakarta a tierra, miles de animales huyeron a las montañas, insisto, antes de la llegada del maremágnum, mientras que en ciudades enteras los hombres ni por avisados del futuro caos.
Parece cosa de juego cuando en una ciudad estadounidense los pobladores creen en las visiones de la marmota Phil. Si ve la sombra y se esconde el frío se extenderá, si no es así, llegará el calor antes, según la predicción.
Ajenos a nosotros existe una realidad invisible que no podemos percibir si no fuera por la ayuda de los animales y sus predicciones fatales. Un mundo aparte, el de los muertos y espíritus, que se mantiene separado de nuestro diario vivir. Se nos olvida que aunque muy inteligentes somos animales, colocados arriba de dicho reino pero con un antepasado animal. Sin embargo, esas sensibilidades propias de otros animales nosotros las hemos perdido con el paso del tiempo, y quizá sería mejor estar así porque muy probablemente no soportaríamos ver, si tuviéramos ese don, horripilantes seres o la muerte misma que irían frente a nosotros mismos por el vecino, el amigo o el hermano, para llevárselos al mundo de los muertos, al más allá, y nosotros congelados por la macabra escena que por ahora únicamente los animales perciben, como esa gallina que cantó anunciando la muerte, y que sin embargo Olivia nunca escuchó.



