El juicio ciudadano
2 Septiembre 2016
El juicio ciudadano
Campanario/Martín Sánchez Treviño
El descenso de la aceptación de los jefes de estado y
gobernantes, se ha generalizado en las últimas décadas, sin importar ideologías
y partidos. Los ciudadanos son más severos en sus críticas y en sus prácticas
para deponer a sus representantes. De moda esta que los gobernantes dejen los
cargos por presiones de carácter social en los que indistintamente hay un fondo
político. O bien hay intereses de corrientes contrarias que abrevan las
inconformidades ciudadanas.
Pero también en estos tiempos en que la comunicación es
más fluyente, los ciudadanos son más exigentes, sobre todo influidos porque
disponen de información más completa. Y por lo mismo sus juicios son
inquisitorios.
Sumado lo anterior al fracaso de la mayoría de las
economías del mundo, tenemos entonces que ninguno de los jefes de estado
escapan de ser enjuiciados por una sociedad demandante y exigente. Con
capacidad de juicio, porque su ejercicio está basado en la información que
fluye por diversas vías, con una pluralidad de corrientes ideológicas.
Así tenemos que hasta antes de la era de la comunicación,
o de las redes informativas, los gobernantes solo tenían la influencia o
presiones de la prensa escrita y electrónica, cuyos “dogmas” se mantienen pero
la vigencia era efímera. A diferencia del fenómeno viral de los nuevos métodos
de la comunicación.
Pero además las circunstancias del universo le permiten a
los ciudadanos disponer de las premisas necesarias para justificar, criticar,
cuestionar y enjuiciar a sus jefes de estado, nación o hechos de la vida
cotidiana.
Es coyuntural para los gobernantes mexicanos, que
parecieran carecer de la karma, suerte o como se le quiera llamar, a la
oportunidad para desempeñar un papel destacable, en las responsabilidades que
los mismos ciudadanos les confirieron en un determinado tiempo a un jefe de
estado o nación, pero así como es de cambiante el cosmos, también los son los
seres vivos, cuyas respuestas son indescriptibles, ya que no siempre responden
a los mismos estímulos y motivaciones.
En este caso, la realidad es que las circunstancias no
han favorecido a la mayoría de quienes gobiernan los pueblos del mundo. Y
pareciera sorprendente que la inconformidad de una buena cantidad de mexicanos con
su presidente, es una reacción similar de los brasileños con su ministra
depuesta. Que no está lejos de la historia del ex ministro británico.
Lo cual no tiene porque convertirse en un código de
justificaciones de gobernantes cercanos a esta región, en la que las demandas
sociales, siguen siendo el talón de Aquiles y resulta imposible seguirlas silenciando
con una despensa, un bono agrícola o una beca estudiantil.
Que si la visita de Trump o Hillary bajan o incrementan
los bonos del primer mandatario mexicano, visto desde el ojo del campesino, en
nada cambian la percepción para los mexicanos.
Lo cierto, es que no deja de ser un distractor en torno a
la presentación del cuarto informe presidencial. Acotado por las circunstancias
de los mercados de los hidrocarburos. Ante un mercado cambiario que no abona a
las finanzas de los mexicanos. Desafortunado por una economía incipiente y baja
en expectativas. Sin certidumbre de las perspectivas de crecimiento en el
renglón del empleo y limitante en las tareas sociales y educativas. Dos de las
herramientas básicas para el desarrollo de cualquier pueblo o nación. Con un
sector primario deprimido por las alzas de las materias primas, como son los
carburantes.



