El General Marines encendió la mecha
8 Agosto 2016
El
General Marines encendió la mecha
La
Opinión de Baldemar Mijangos
TAMPICO.-
Un enorme escándalo sobrevino a las declaraciones que formuló el General José
Marines Juárez, entonces jefe de la Policía Estatal en la zona sur de
Tamaulipas, y que daban ‘línea’ para que los ciudadanos pudieran enfrentar a
los delincuentes, así estuvieran armados.
El
General se metió en un tobogán de polémica social, le llovieron críticas y
reclamos. Previamente, una ola de robos a negocios y asaltos a bancos había
provocado un justo reclamo de empresarios y líderes de opinión de que debería
haber mayor vigilancia en la ciudad.
El
tiempo hizo lo propio. Llegó una decisión: ‘El General se va… a Victoria, la
capital, a nuevas encomiendas’.
Poco
transcurrió para que se empezaran a presentar casos donde los propios
ciudadanos han hecho lo que el General José Marines había pedido a los
habitantes de la zona: enfrentar a los delincuentes.
Lo
que de manera oficial fue reprobado al jefe de la Policía Estatal en la zona,
ahora es visto como algo valiente por parte de los ciudadanos que han actuado
para detener o someter a ladrones que han atentado contra los bienes de
personas o instituciones.
Es
claro que caminar por ese sendero, sin la intervención de las autoridades
policiales o de justicia, es tomar una ruta muy peligrosa y complicada
socialmente hablando. No es la mejor decisión, desde luego, pero ante este
escenario de inseguridad viene uno entonces a preguntarse qué tan válido sería
para los habitantes de una población sacar un arma o tomar sus manos para
defenderse de un eventual ataque del hampa.
Ejemplos
de rebelión social no faltan. La película ‘El Vengador Anónimo’ de Charles
Bronson nos recuerda en cada escena que la paciencia tiene un límite y la
explosión social no espera más.
Hace
años, en 1991, Rodney King, ciudadano afroamericano, recibió la paliza del
siglo de manos de policías blancos de California. La escena violenta fue
captada por un videoaficionado. A la vuelta de los días, un jurado encontró no
culpables de la brutalidad policiaca a los 4 policías. Estalló la revuelta. Del
29 de abril al 4 de mayo de 1992 se registraron los disturbios raciales de Los
Angeles, los más violentos jamás vistos en la época reciente en Estados Unidos.
Se registraron saqueos, protestas, quema de negocios, bloqueos en calles y
carreteras. A la orden de toque de queda, intervino la Guardia Nacional para
sofocar el estallido.
Es
claro que la mecha que encendió las revueltas fue la protección clara de la
justicia blanca a 4 policías que habían vapuleado hasta la saciedad al taxista
negro Rodney King. Los estallidos fueron cultivados durante décadas por el
cansancio y represión contra negros y latinos por parte de anglosajones y
asiáticos, sus verdugos cotidianos, de acuerdo a los reportes de prensa de la
época.
Tanta
impunidad acumulada en décadas, tanto fastidio de acudir a las agencias del MP
donde los expedientes duermen el sueño de los justos, tanta palabrería de que
vivimos en un estado de derecho, todo junto, un día, hará que los ciudadanos
del sur tomen sus manos y hagan justicia por su propia cuenta, si no es que ya
lo están haciendo.



